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André Glucksmann: "Sarkozy ha recogido el papel de Cohn-Bendit"

Entrevista publicada en abril de 2007 cuando el filósofo del 68 proclamaba su apoyo a Sarkozy

ELENA HEVIA / BARCELONA

El filósofo francés André Glucksmann, en 1978. 

El filósofo francés André Glucksmann, en 1978.  / AFP

Con su rostro difícil y una amabilidad de otros tiempos, este filósofo pos-68 se ha pasado la vida jugando a la prueba y el error. Lo cuenta en su último libro, 'Una rabieta infantil', una suerte de memorias reflexivas cuya portada muestra a un inédito Glucksmann de 4 años con un cabreo sumarísimo. ¿Será lo que le ha llevado a apoyar a Nicolas Sarkozy

--Era usted un niño muy mono...
--La luz me cegaba y debía estar quieto para la foto. De ahí, la rabieta.

--Y es una buena imagen para explicar las desazones de su vida.
--Yo vivía en una familia perseguida por los nazis por ser judíos, resistentes y por proceder de Alemania.

--¡Menuda madre coraje tuvo usted!
--Una vez, en un campo organizado por la Francia de Vichy para enviar a los judíos a Auschwitz, mi madre, que conocía la existencia de campos como Dachau, se puso a alertar a gritos a sus compañeros del peligro que corrían. Ellos creían que iban a trabajar. Así que los nazis la apartaron a ella, a mis hermanas y a mí para que no se produjeran desórdenes, y eso nos salvó la vida. Fue una gran lección para mí.

--Decir en voz alta lo que piensas te puede salvar la vida.
--Cuando me encontré con los disidentes del Este a quienes ayudé durante 30 años y que solo tenían como arma la palabra y la verdad, pensé en mi madre.

--Con todo, sus memorias son bastante pudorosas. Esperaba algo más de intimidad.
--Tengo mis dosis de narcisismo, pero no era mi intención desvelarlo todo. Aquí cuento sobre todo el descubrimiento de los demás y mis propios fracasos y errores. La idea es que uno aprende de sus faltas.

--¿Para qué sirve un filósofo 
--En Alemania es una autoridad académica y solo se contabilizan dos o tres por siglo. En Francia son ensayistas que intervienen en la actualidad con mayor o menor exactitud.

--Y con un cierto vedetismo, confiese.
--Tampoco hay que exagerar. Personalmente, fui conocido antes de aparecer en televisión. Y fue por el escándalo organizado por la crítica que hice del comunismo cuando hablé contra el pensamiento prosoviético y a favor de Solzhenitsin. 

--Además, los nuevos filósofos se reparten el terreno. Bernard-Henri Lévy apoyó a Ségolène Royal y usted, a Nicolas Sarkozy.
--Esta no es una querella estilo guerra fría, porque hay cosas más importantes que derechas o izquierdas. Lévy y yo estamos de acuerdo en que lo que está pasando en Dafur y en Chechenia es un escándalo, y hemos forzado a que durante las elecciones se hable de ello. 

--Pero, a ver si me aclaro: ¿usted sigue siendo de izquierdas 
--(Risas) Sí, por supuesto. Por eso voté al candidato más a la izquierda, lo que no quiere decir que sea de izquierdas.

--¿Hay que ser filósofo para entender eso? 
--Cuando tenía 18 años vi a los socialistas mandar a 500.000 soldados a la última guerra colonial en Argelia y luego, cómo el Partido Comunista aprobaba la represión de Budapest. Desde entonces, lo que es o no de izquierdas procede de mi conciencia. Hoy Sarkozy da las soluciones más eficaces contra la miseria.

--¿Y mañana? 
--Ya veremos. Soy consciente de que no he votado a Dios. Hay que distinguir la política de la religión.

--¿Qué sintió cuando Sarkozy proclamó que iba a enterrar el Mayo del 68? 
--Me puse a calcular que él tenía 13 años cuando ocurrió todo aquello.

--¿Y no se le removió nada en el interior? 
--Creo que hay algo justo en esa exageración, que no critica el 68, sino su legado. Claro que hubo más cosas buenas que malas en aquel momento, pero también es cierto que se convirtió en un fetiche intimidatorio para las nuevas generaciones.

--Entonces la juventud tuvo un protagonismo del que ahora carece.
--No estoy de acuerdo. Entonces los jóvenes movilizados eran una minoría y ahora los jóvenes que han votado a Sarkozy son muchísimos. Él ha recogido el papel de Cohn-Bendit. Las elecciones han sido una especie de Mayo del 68 electoral.

--Curiosa forma de verlo.
--Hace 20 o 30 años era impensable que Francia eligiera a un presidente de la República hijo de emigrante. Y lo que es peor, su mujer, Cécilia, alardea de no tener una sola gota de sangre francesa. 

--Dudo que los electores hayan votado a un emigrante.
--Evidentemente, porque se admite que los emigrantes forman parte de la tradición francesa. Pero se ha producido un cambio. También es la primera pareja presidencial previamente divorciada y con hijos de otros matrimonios. Como en una película americana.

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