27 oct 2020

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Pérez-Reverte explica la guerra civil en 30 lecciones

Un libro de Arturo Pérez-Reverte, con ilustraciones de Fernando Vicente, pretende introducir en el conflicto a los lectores a partir de 11 años

ERNEST ALÓS / BARCELONA

Dice Arturo Pérez-Reverte que su nuevo libro, La guerra civil contada a los jóvenes (Alfaguara), tiene su origen en un arrebato de indignación ante aquel libro de texto, retirado con aprobio hace un año, en el que se decía que Federico García Lorca «murió cerca de su pueblo durante la guerra de España» y que Antonio Machado, tras ser nombrado académico, «pasados unos años se fue a Francia con su familia y allí vivió hasta su muerte». Pasado el escándalo, los autores del desaguisado explicaron que su texto no tenía intención política, sino que solo esquivaban detalles innecesarios para niños de primaria. Ante ambas cosas, libro y justificaciones, el escritor decidió desenfundar algo, y ha desenfundado un libro con 30 brevísimos capítulos ilustrados para explicar esa guerra escamoteada a lectores «de entre 11 y 16 años, aunque -añade- a algún adulto tampoco le iría mal». Se trata, dice, de «un aperitivo, muy digerible, con la voluntad de ser objetivo y ecuánime» que despierte el interés a los más jóvenes en futuras lecturas, con el convencimiento de que ese libro de texto no era por desgracia una excepción.

Pérez-Reverte lamenta esa discreción sobre el pasado ante los más pequeños: «Si al niño le escamoteamos el horror y el dolor, lo hacemos más vulnerable», sostiene. Así que en su libro hay poetas camino de la fosa, mujeres a las que rapan, fusilamientos y bombardeos. «Mi padre y abuelo fueron marinos de la República, en mi familia política había falangistas, y la gente que vivió aquello era la que hablaba de la forma más inteligente, tolerante, prudente y menos envenenada, porque su prioridad es que no volviese a suceder», sostiene. Pero cuando la memoria es de segunda mano, como la que llega hoy a los jóvenes, las posibilidades de tergiversación se multiplican.

La ecuanimidad que ha buscado Pérez-Reverte no es imparcialidad. Se habla de las represalias de ambos bandos pero se recuerda que «mientras en la zona gubernamental esta barbarie era, en buena parte, fruto del desorden y obra de elementos incontrolados, en la zona rebelde los asesinatos eran tolerados y hasta organizados por los mandos militares, a fin de eliminar toda resistencia y amedrentar a la población». Se sostiene que en ambos bandos hubo «casos de infamia» y gente que se mostró «humanitaria y compasiva». Las cifras de víctimas de la represión que el autor da por buenas son de 180.000 a cargo de los sublevados y 50.000 en el bando republicano. «Y dejo claro que una república legítima fue destruida por una rebelión ilegítima, pero también que unos y otros habían conspirado contra esa república y que en ambos lados hubo víctimas y verdugos y todos vertieron sangre», añade.

A la hora de relatar la guerra civil hay quien se centra en lo político y social y en el otro extremo hay quienes hacen historia bélica, o pura épica. En este caso el escritor cree haber llegado a un balance satisfactorio: «Hablo mucho de la retaguardia, de las represalias, del hambre, de los intelectuales, y también de las batallas».

Cada página, apenas un párrafo largo, es el fruto de la resumen drástico de los 20 folios por capítulo que llegó a escribir el novelista. Ese es, junto con el deseo de centrarse en el mínimo común denominador «compartible por la gente honrada», el motivo de haber dejado fuera del libro, «entre otras 200.000 cosas que no cabrían», conflictos dentro del conflicto como el catalán o el vasco.

fernando vicente:Un libro muy gráfico

Más allá de los escuetísimos textos, gran parte del atractivo del texto está en las 30 ilustraciones de Fernando Vicente que ilustran cada capítulo. «La guerra civil la recordamos en blanco y negro, así que no podía colorearse. Además así se mantiene ese aspecto siniestro y amargo de lo que es la guerra», valora Pérez-Reverte, entusiasmado con el resultado. El aire vintage, de hecho, tiene algo de esos libros de texto o enciclopedias escolares de hace varias décadas. Como si en los años 50 la enciclopedia Álvarez hubiese podido ser escrita en un país mucho mejor que esa España.

Vicente ha utilizado como referentes las fotografías de la época, especialmente algunos anónimos conocidísimos y trabajos de Alfonso y Centelles (a veces combinando en una misma ilustración, por ejemplo, imágenes de ambos), además del fecundo cartelismo que se desarrolló durante el conflicto.

Los capítulos 27, 28, 29 y 30 van más allá de la guerra. Tenemos la represión y el Valle de los Caídos, la entrada en París de los republicanos de La Nueve, los maquis y, finalmente, el retorno de la democracia. Para que a ese joven lector le quede claro (se le nota a Pérez-Reverte que no comparte ciertas visiones negativas sobre la transición, pero ese puede ser otro libro) que la historia puede tener final feliz.