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Fuego cruzado en Razzmatazz

CRÓNICA Slayer y Anthrax agitaron las esencias del thrash metal

JORDI BIANCIOTTO / BARCELONA

Fuego cruzado y baño de metal y sudor en un Razzmatazz al límite, y un poco más, de su capacidad, convertido, para el apretujado público, en cámara de tormentos digna de ilustrar una de las portadas de los discos de Slayer. Quizá se trataba de que nos pusiéramos en situación. Intensidad total, física y mental, el martes en un doble concierto sofocante, con dos titanes del thrash metal que no bajan la guardia y siguen viviendo la agresión sonora como virtud.

Anthrax, con el icónico guitarrista Scott Ian y la voz, en buena forma, de Joey Belladonna, está a punto de cerrar su lustro de silencio con For all kingsdisco que saldrá el próximo febrero y del que adelantó una de las canciones, Evil twin, razonablemente perversa. Los neoyorquinos ofrecieron un set condensado, en la línea del que ofrecieron el año pasado cuando telonearon a Iron Maiden en el Sant Jordi. Con sus versiones (Got the time, de Joe Jackson; Antisocial, de Trust) y sus citas al nunca agotado disco Among the living (1987), cerrando con la canción que le da título.

Sin concesiones

Slayer tomó el escenario, entre cruces invertidas, al son de las dos piezas que abre su reciente Repentlessla instrumental Delusions of saviour y la canción que le da título. Material que muestra a los californianos reconstituidos tras la marcha y posterior fallecimiento de Jeff Hanneman. Con su núcleo duro al frente, Tom Araya (voz) y Kerry King (guitarra), parecen querernos decir que el mejor modo de recuperarse tras perder un pedazo de Slayer es siendo más Slayer que nunca. Lo fueron, una vez más, en Razzmatazz combinando piezas de todos sus períodos, cinco nuevas (muestras de madurez como la tenebrosa When the stillness comes) y viajes al pasado remoto (Die by the sword) y a su edad de oro (1985-90): de Postmortem y War ensemble hasta la ritual Angel of death. Slayer, más allá de la muerte.

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