HISTORIAS DE MALA VIDA EN BARCELONA

Las Navidades negras de Carlos Zanón

El escritor barcelonés trenza en 'Marley estaba muerto' 14 relatos, sórdidas y tiernos, con personajes que han perdido el tren

El escritor barcelonés Carlos Zanón presenta un libro con espíritu de novela, trinchado en forma de cuentos de Navidad, en el 99% Moto Bar. / ALBERT BERTRAN / Vídeo: CYNTHIA OVIEDO

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ERNEST ALÓS / BARCELONA

Las novelas de Carlos Zanón (Barcelona, 1966) se han publicado bajo la etiqueta del género negro. Oscuras sí que lo son, Nadie ama a un hombre bueno, Tarde, mal y nunca, No llames a casa o Yo fui Johnny Thunders. Pero en todas ellas ha cabido la duda: ¿negras o más bien reflejos realistas y sucios de una Barcelona en la estela de Marsé y Casavella? Esta duda es aún más pertinente en el último libro de Zanón, Marley estaba muerto (RBA). Catorce cuentos sórdidos de Navidad, entrelazados entre sí hasta convertirse en una casi novela, con perdedores, locos que se visten de Papa Noel en agosto y asaltan jardines con un Cetme, sexo muy triste, alquileres sin pagar, matones de medio pelo, músicos de rock descarriados, mucha violencia doméstica, un abogado de oficio en la línea de Saul Goodman , sin policías y casi sin tiros y, por primera vez, con fantasmas y alucinaciones.

«Lo del género me gusta porque lo puedo estirar como una goma y ver hasta dónde puede llegar, sin pensar si estoy dentro o fuera de él. La mirada o el mundo de algunos de los personajes sí es negro, pero el argumento la gente puede entender que no», reconoce. En los cuentos de Marley estaba muerto hay personajes que aparecen en dos, tres o cuatro de ellos y puertas que llevan de uno a otro. «Es un libro con un espíritu de novela claramente. Creo que es una novela trinchada en forma de cuentos de Navidad. He querido que el lector tenga la sensación de que las cosas están sucediendo a la vez, que estamos en un mundo cerrado, pero solo con detalles, sin llegar a ser Short Cuts».

Violencia doméstica

Si los hombres de su libro son piltrafas o piltrafillas, sus mujeres son maltratadas, o abandonadas, o engañadas, o se arrastran de mala manera por la vida. «No se salva ni una. Consciente o inconscientemente, y sin discursitos, quería dejar claro que la mujer es siempre la más puteada, y la parte más débil cuando aparece la violencia. La violencia doméstica está presente en todo el libro, porque es uno de los temas que más me toca. Que tengas la violencia y el clima de miedo en tu misma casa y que la persona que quieres sea quien te hace daño... eso era lo que quería reflejar, pero no de forma maniquea; hay criminales que también son víctimas, en otro grado».

El subgénero del cuento de Navidad le ha permitido a Zanón utilizar por primera vez lo paranormal. En uno de los relatos, una chica decide resucitar a sus tíos y abuelos muertos, y que aparezcan en la comida de Navidad. «Es toda mi familia resucitada, son todos mis muertos. Espero que a mi madre le haga gracia», explica Zanón. Incluyendo al tío de quien heredó una pequeña biblioteca, con Chacal a medio leer, interrumpido por la muerte en accidente de tráfico (cuando regresa del más allá en la ficción, una de sus prioridades es saber cómo acaba el thriller). Y es que otro elemento es el humor, «aunque en general el tono sea triste». Ese Papá Noel demente, o el conjuro para resucitar muertos que resulta ser los primeros versos de Hotel California, o lo que le sucede al cadáver de Elvis.

De nuevo Zanón juega con músicos reales a quienes transforma solo ligeramente (en este caso a Michael Head de The Pale Fountains, reconvertido en cuidador de apartamentos turísticos en Barcelona, o Walter Salas-Humara). Y, por supuesto, está Barcelona. «Es la Barcelona de todos mis libros, la Barcelona de los barrios que conozco, desde donde cuando te hablan de la sociedad catalana tienes la sensación de que vives en otro mundo», dice. «Utilizo la Navidad para enfocar la cámara en esas personas que se han quedado fuera de lo que se considera la normalidad, que han perdido el tren cuando es más difícil volverlo a coger, con situaciones raras para la gente normal, pero que en el fondo somos nosotros, que estamos a punto de ser invisibles solo con que nos vengan malas cartas y te quedes sin trabajo o familia».

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Algunos, con todo, la mala suerte se la han buscado con ganas. «El abogado un poco es así. Los quinquis también, no tengo la mirada buenrrollista de que todos son víctimas del sistema. Hay gente que ha tenido malas cartas y gente que son hijos de puta», apunta. «Pero todos ellos tienen la esperanza de llegar a redimirse. De que venga -dice Zanón- alguna carta buena. De que alguien los quiera. Porque en el fondo son historias de amor».

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