En el tren con Corbacho & Cruz

La pareja de directores estrena en Valladolid 'Incidencias', en la que vuelven a abordar la sátira y la crítica social, pero desde una perspectiva más alocada

El equipo de ’Incidencias’, con Juan Cruz y José Corbacho en primer plano.

El equipo de ’Incidencias’, con Juan Cruz y José Corbacho en primer plano. / SEMINCI

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BEATRIZ MARTÍNEZ / VALLADOLID

José Corbacho (1965, L'Hospitalet de Llobregat) y Juan Cruz (1966, Barcelona) han vuelto a formar tándem en su nueva aventura cinematográfica, Incidencias, una comedia sin tregua en la que vuelven a abordar la sátira y la crítica social pero en esta ocasión, desde una perspectiva mucho más desinhibida.

Quizás por ello, abandonan el tono costumbrista que habían abordado en sus anteriores trabajos, Tapas (2005) -por la que consiguieron el Goya a la dirección novel- y Cobardes (2008), para introducirse en los terrenos de la comedia más alocada y delirante. «Teníamos muchas ganas de soltar el freno de mano, de llevar más allá las situaciones», nos cuenta Corbacho durante la presentación de la película en el Festival de Valladolid. «En realidad, todos los personajes son gente de lo más normal, pero que sacan lo peor de sí mismos cuando se ven atrapados en una situación que se les escapa de las manos».

Tren de alta velocidad

La película se desarrolla en un tren de alta velocidad en un trayecto Barcelona-Madrid y la locura irá progresivamente estallando a partir de que la máquina se quede parada en mitad del trayecto. Los personajes, aislados y sin posibilidad de comunicarse con el exterior, irán poniendo de manifiesto sus miedos e inseguridades hasta que la sinrazón se apodere de ellos. «Lo de situarlo en un tren de alta velocidad era una cuestión muy simbólica», añade Juan Cruz, «porque se ha convertido en la imagen totémica del progreso en España». «En algo teníamos que ser líderes», bromea Corchacho, «¿pero tenía que ser en eso? Estamos en una especie de bucle del que no parecemos poder salir. ¿Cuándo vamos a poder llegar a la siguiente pantalla del juego?».

¿Sería entonces ese tren parado una metáfora de la España actual con todos esos pasajeros crispados por una situación que les supera? Juan Cruz prefiere dejar eso en manos del público. «La vida siempre te da una oportunidad para sacar lo peor de ti. Nos gustaba esa idea que desarrolla el historiador italiano Carlo Maria Cippolla en Las leyes fundamentales de la estupidez humana, en el que dice 'No es la mafia, ni el poder económico, ni el sexo lo que mueve el mundo, sino la lucha constante entre el sentido común y la estupidez'». Y añade Corbacho: «Queríamos que los personajes se quitaran las máscaras y se mostraran tal y como son en realidad, sobre todo en un país en el que la imagen pública siempre parece que tiene que ser impoluta. Queríamos enseñar la mezquindad, la hipocresía y la mentira que hay detrás de todo eso».

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Los realizadores se han rodeado de un nutrido grupo de actores con los que vuelven a ensayar un planteamiento coral de la acción, en este caso con la particularidad de que confluyen todos en el mismo escenario. Entre ellos encontramos a Lola Dueñas, Carlos Areces, Miki Esparbé, Toni Acosta o Roberto Álamo. Parejas obsesionadas con los libros de autoayuda, gestores públicos corruptos, una borracha lúcida, un anciano muerto y un árabe sobre el que recaerán todas las suspicacias son algunos de los personajes.

Pero más allá del carácter metafórico que podamos encontrar en la película y de los niveles de lectura que contenga, lo importante para Corbacho y Cruz es hacer reír. «Es el mejor filtro para asimilar los dramas y las miserias a las que estamos expuestos día a día. Reivindicamos la comedia porque es higiénica, liberadora, exorciza», dice Cruz. Y concluye Corchacho: «Y es el vehículo ideal para explicar cosas serias».

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