FIN DE SEMANA MUSICAL EN EL BARRIO DE SANT COSME
El festival del cambio
El Prat del Llobregat acoge la séptima edición del Esperanzah, una reunión de bandas y entidades en lucha por la transformación social

Manu Chao, el miércoles, en el bar Ramón del barrio de Sant Cosme.
El barrio de Sant Cosme de El Prat de Llobregat no tiene un bar Ramón, sino dos. Y en la misma calle. En uno de ellos, Manu Chao y Óscar Rando, codirector del festival Esperanzah, recuerdan la primera vez que el cantante actuó en el barrio. «Fue el primer intento de utilizar la cultura para borrar el estigma de Sant Cosme como barrio al que solo se venía a buscar droga», explica Rando. «Siempre hemos hecho conciertillos de periferia en L'Hospitalet y en Terrassa y este fue aquí detrás, en el centro cívico, en 2008», calcula Manu. «Había tanto calor y tanto sudor que el suelo estaba chorreando y Madjid (Fahem el guitarrista de su banda) saltó, resbaló y se rompió la pata».
Para Óscar Rando, aquel concierto marcó un antes y un después en el barrio. «La gente se empezó a preguntar por qué este hombre que llena estadios venía a un sitio como Sant Cosme. Aquello generó un sentimiento de orgullo muy importante. Y, por otra parte, mucha gente de El Prat y de Barcelona que no se atrevía a entrar en el barrio por miedo vino ese día al centro cívico», recuerda. He aquí la semilla del festival Esperanzah que, siete años después, celebra una edición más en el barrio donde nació. Y, una vez más, con Manu Chao como reclamo.
El Esperanzah no es un festival al uso pero tampoco lo es la ciudad que lo acoge. Desde 1982 gobierna en El Prat del Llobregat un alcalde de Iniciativa per Catalunya. Pero más allá del color político dominante, llama la atención que este municipio de 70.000 habitantes tenga registradas cuatrocientas asociaciones. «El Prat surge de la mejor tradición de las ciudades obreras, de gente sencilla que se ha tenido que asociar para cambiar las cosas», explica Rando.
Esperanzah ha nacido, pues, en un ecosistema asociativo muy sólido. El propio festival fue iniciativa de GATS (Grups Associats pel Treball Sociocultural), entidad en la que trabaja el propio Rando. Y el Esperanzah no solo hereda sino que fomenta esa dinámica asociativa en su día a día. «Los seguros del festival nos lo lleva Arç Cooperativa, nos financiamos con la cooperativa de crédito Coop 57, las telecomunicaciones las gestiona nuestra propia cooperativa, Eticom, y ya tenemos cooperativa de energía, Som Energia», celebra Rando. «Para cambiar el mundo antes hay que cambiar la economía y nosotros venimos a construir alternativas. Si pudiéramos montar el festival solo con modelos de economía solidaria lo haríamos», asegura.
Donde aún no existe una alternativa real, Esperanzah busca soluciones parciales. Por ejemplo, parte de la cerveza que se venda en el festival será de una cooperativa de El Prat. «¡Y la otra cerveza vale dos euros!», exclama Manu. «Yo mismo he tocado en festivales donde la cerveza valía cinco euros porque a veces no puedes estar encima de todo, y no me ha gustado nada», lamenta.
Llegan las Dones Sàvies
Manu Chao ya ha liado una buena fiesta durante la sobremesa con su charango y unas cancioncillas, pero las que arman ahora el revuelo en el bar Ramón son tres mujeres que entran gritando: «¡Manuuu, danos dos besos!». Son representantes de Dones Sàvies, una de las asociaciones más populares y activas de Sant Cosme. Este fin de semana ellas se encargarán de cocinar para los músicos. ¿Qué otro festival puede marcarse el tanto de tener manos con tanta experiencia tras sus fogones? «Cocinaréis algo rico, ¿no?», les pregunta el francés. «No hay un puñetero acto en El Prat en el que no participen estas señoras», asegura Rando.
«Nosotros no somos gente festivalera: somos educadores sociales», aclara el ideólogo del Esperanzah. De hecho, la producción y contratación de las bandas corre a cargo de la sala Salamandra de L'Hospitalet. Y tampoco Chao considera al Esperanzah un festival de música: «Exagero un poco, pero la música es casi una excusa. Para mí es un punto de encuentro». Desde luego, esta feria de ideas y canciones no quiere ser otro escaparate de artistas sino un motor de transformación social. Muchas bandas repiten porque quieren apoyar la iniciativa. El caché de Manu y su banda es «tres billetes de Vueling».
Este viernes la música empezará a sonar en el Parc Nou de El Prat a las 18.30 horas. Y por primera vez desde su nacimiento, en 2008, el Esperanzah será de pago. El precio es de risa: 15 euros por dos días de conciertos. Se han distribuido invitaciones entre las asociaciones de la ciudad para que lleguen a la gente con más dificultades. Y Rando insiste: «Si alguien no puede pagar la entrada, que contacte con nosotros. No queremos que nadie se quede fuera». El gancho del Esperanzah está fuera de toda duda. Ayer, su web estuvo colapsada varias horas ante la avalancha de gente que quería comprar entradas.
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