Paula Ortiz: «Me gusta traspasar el umbral de lo real»

La directora aragonesa presenta en el certamen 'La novia', arrebatadora revisión de 'Bodas de sangre'

Paula Ortiz, directora de ’La novia’, ayer, en Sitges.

Paula Ortiz, directora de ’La novia’, ayer, en Sitges. / PAU MARTÍ

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JULIÁN GARCÍA / SITGES

Paula Ortiz (Zaragoza, 1979) dejó el festival de San Sebastián en estado de conmoción con La novia, arrebatadora revisión del clásico Bodas de sangre de Federico García Lorca. Una relectura de belleza desbordante, pictórica, casi apabullante, que ayer fue proyectada en Sitges dentro de la sección Noves Visions One, y en la que una incomensurable Inma Cuesta interpreta a esa novia que abandona a su marido la noche de bodas para desatar su pasión con el hombre al que en verdad ama.

-¿Hasta qué punto es importante la belleza en su modo de entender el cine?

-El cine para mí es una experiencia ética, estética y emocional. Los tres niveles han de proyectarse de una manera intensa. Porque, si no, ¿para qué perder una hora y media preciosa de tu vida?

-Hay quien considera que el preciosismo estético de La novia le desborda. ¿Se siente cómoda en esa resbaladiza frontera entre lo bonito y lo amanerado?

-Sí, porque el viaje narrativo y dramático que una película te regala ha de ser lo más poderoso e hipnótico posible. En el caso de La novia, además, hablamos de una tragedia, y las tragedias son ríos que te arrastran hasta la catarsis. Y el río de La novia debía ser extremo en todas las pasiones, paisajes, atmósferas o palabras que aparecían en la pantalla.

-¿Qué le llevó a adaptar a Lorca?

-Viene de algo muy primitivo en mí. A Lorca lo descubrí de muy pequeña. Tuve la suerte de que mis padres me leían versos. Bodas de sangre me provocó, de adolescente, una auténtica conmoción. Esa sensación, ¿sabes?,  de descubrir un lugar que no habías visto nunca de tu alma. «Esa oscura raíz del grito», que dice Lorca.

-¿Qué aporta su relectura del clásico?

 

 -Yo creo que el cine te permite romper las distancias que a veces el teatro no deja. No sé, escuchar los versos de amor tan cerca, tan cerca que parecen respiraciones. Pienso que eso es lo que aporta La novia. Una nueva distancia en la manera de vivir esa gran historia de pasión y muerte.

-Imagine por un momento que no es la directora de La novia, sino una espectadora de Sitges. ¿A qué autores, a qué películas, le evocaría lo que está viendo?

-Hombre, eso siempre han de decirlo los que lo ven por primera vez, pero yo te puedo contar qué autores o qué películas hemos revisado para preparar La novia. Está Saura, está  Erice. Está Cary Fukunaga y su visión de Jane Eyre con un nuevo lenguaje. Está Andrea Arnold y sus Cumbres borrascosas. Y, por supuesto, está Malick y sus Días del cielo.

-¿Qué le parece estar en un festival de cine fantástico con una adaptación de un texto de Lorca?

-(Ríe) Me encanta. Mi primer corto, El rostro de Ido, vino a Sitges. Era una fábula fantástica. A mi me apasiona el cine y la literatura fantástica. Me gusta traspasar el umbral de lo real.

-Usted estudió Literatura.

-Sí. Soy de Zaragoza y ahí estudiar cine no es fácil. Empecé estudiando Filología Hispánica y eso me permitió  leer y leer para aprender después a contar historias. Más tarde llegué al estudio del guion y finalmente a la dirección con De tu ventana a la mía. Voy poco a poco. Estoy en ello.

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-¿Siente que La novia es una película especial?

-Ay... Eso espero. Me gustaría que, más allá del posible éxito actual, se siguiera viendo con el tiempo, que perdurara.