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UN FILME BASADO EN LA HISTORIA POLÍTICA RECIENTE

Luz, cámara y corrupción

Alberto Rodríguez acaba en Madrid de rodar 'El hombre de las mil caras', sobre el 'caso Roldán' «Esa noticia de los 90, podía haber saltado perfectamente en el 2011», dice el director

BEATRIZ MARTÍNEZ / MADRID

El rodaje de El hombre de las mil caras, de Alberto Rodríguez, se inició el pasado julio en París y, tras 11 intensas semanas, el director y su equipo están a punto de culminar esta aventura en forma de thriller que nos adentrará en el mundo de una de las figuras más enigmáticas de la historia de la política española reciente, la del espía Francisco Paesa.

El galardonado director de La isla mínima con nueve Goyas ha tenido un nuevo y apasionante reto al que enfrentarse: introducirse en los entresijos del poder y escarbar en sus miserias como reflejo de lo que sigue ocurriendo. Su foco de atención, el caso Roldán y toda la corrupción que se generó a su alrededor. «Tenía la sensación de que esa noticia de los años 90, podía haber saltado de nuevo perfectamente en el 2011», cuenta el director en el set de rodaje en un barrio de Madrid. «Es una lacra que no terminamos de resolver. Además, me daba la oportunidad de adentrarme en el misterio que rodeó este caso y poder hacer ficción a través de él».

El hombre de las mil caras parte de una idea original a cargo de Zeta Cinema (también productora de la cinta junto a Atresmedia, Atípica Films y Sacromonte Films), a partir del libro de Manuel Cerdá, y ha ido pasando por diferentes manos hasta llegar a las de Alberto Rodríguez y su fiel equipo con el que lleva trabajando desde sus inicios. Se trata de su producción más ambiciosa. Cinco millones de euros y diferentes localizaciones internacionales para dar forma a una historia, como la define el propio realizador, «de timadores, de tramposos, en la que nunca nadie dice la verdad. Contada desde el punto de vista de los corruptos, por lo que implica una gran carga de ambigüedad moral».

Al frente del reparto, tres hombres: Eduard Fernández, Carlos Santos y José Coronado. El primero interpreta a Paesa, ese hombre de las mil caras que en realidad, como nos cuenta el propio actor, tiene que ser bastante hermético para conservar sus secretos. «Lo ve todo, pero no expresa nada, porque cualquier resquicio puede delatarlo. Es difícil saber qué piensa, qué siente, porque probablemente ni siquiera él mismo lo sepa».

En el otro extremo, Luis Roldán, el más mediático y conocido de la película, el que necesitaba de una caracterización más precisa debido a su repercusión pública y al que da vida Carlos Santos. Y para completar el triángulo, un personaje ficticio, el de Jesús Camoes, que interpreta José Coronado, desde el que se cuenta la historia.

Un piso franco

Impresiona ver cómo trabaja Alberto Rodríguez con sus actores, cómo modula los encuadres de la cámara, con qué precisión controla todos los elementos de cada toma. Rueda una de las escenas que tienen lugar en un piso franco, en una habitación llena de humo donde Paesa y Camoes fuman mientras van tejiendo su trama. Un magnífico aperitivo para degustar la que sin duda será una de las películas importantes del próximo año.

Temas: Cine