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MADRID EXPONE A UNO DE LOS GRANDES ARTISTAS DEL SIGLO xvi

'El Divino' ilumina el Prado

El museo recupera a Luis de Morales, genial y olvidado pintor renacentista

NATÀLIA FARRÉ
MADRID

Pese a lo desconocido que suena hoy en día entre el público, Luis de Morales gozó de un éxito comercial y una difusión artística solo superadas, en su momento, por El Greco. Y no solo eso. Fue también un artista fundamental del renacimiento español, un artista con una técnica extraordinaria, y un artista con una personalidad muy original. Un virtuoso de la pintura tan genial como olvidado que el Museo del Prado recupera con El Divino Morales, una exposición, patrocinada por la Fundación BBVA, que reúne las 54 obras más significativas y reconocidas del creador para situarlo en el lugar que se merece. «No son muchos los pintores españoles del renacimiento anteriores a El Greco susceptibles de tener una monográfica en El Prado, y Morales es uno de ellos», sentencia Miguel Falomir, director adjunto de la pinacoteca madrileña.

El olvido durante siglos de De Morales hay que atribuirlo, en parte, a su propia genialidad. Ya que la gran difusión que tuvo en su época, le llevó a ser reiteradamente copiado y a ser conocido siglos después «a través de mamarrachadas lamentables que impedían que se viera al pintor que llegó a ser», afirma la comisaria de la exposición, Leticia Ruiz, parafraseando al historiador Juan Antonio Gaya Nuño y haciendo referencia a obras que no salieron de su pincel. Y ¿quién llegó a ser Luis de Morales? De su vida poco se sabe más allá de que estuvo asentado en Extremadura; y de su obra son conocidos y reconocidos los retablos y, sobre todo, las tablas devocionales. Piezas llenas de misticismo, realizadas con un estilo muy propio y con una gran carga emotiva.

Fueron estas piezas más pequeñas con figuras de busto o medio cuerpo con una iluminación contrastada y con unos fondos negros, intensos y misteriosos las que le dieron más fama. «Estamos ante un producto de enorme belleza, desde la elección de los materiales, en la mayoría de los casos robles bálticos de gran calidad, hasta el tratamiento técnico, unas construcciones muy minuciosas -explica Ruiz-, en las que vemos como se ha pintado pelo a pelo». No en vano, el tratadista del XVIII Antonio Palomino -el mismo que lo bautizó como El Divino-ya advertía que «la sutileza en los cabellos» ocasionaba ganas de «querer soplarlos para que se muevan, porque parece que tienen la misma sutileza que los naturales».

En el MNAC, en el 2016 

La muestra reúne alguna de estas tablas -La Virgen de la leche, La Virgen con el niño escribiendo La Virgen con el Niño y san Juanito, entre otras- y fragmentos de los pocos retablos que se han conservado. Ahí están El nacimiento de la Virgen, El Calvario La resurrección, por ejemplo. Se sabe que realizó 20, pero no todos han sobrevivido a los conflictos del siglo XVII con Portugal, a la guerra de la independencia y a la guerra civil. Y la apertura y el cierre de la exposición lo protagonizan dos obras maestras: La Virgen del pajarito y un Ecce Homo de cuerpo entero que luce junto a una escultura de Alonso de Berruguete que evidencia las influencias del palentino sobre De Morales.

El Divino Morales lucirá en El Prado hasta el 10 de enero para luego viajar al Museo de Bellas Artes de Bilbao y llegar en junio al Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC). En Barcelona se podrán ver, también, las dos piezas que custodia el centro catalán: Ecce Homo y Cristo en la cruz.

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