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LA GALA DE LOS EMMY

La noche de los 12 tronos

La producción 'Juego de tronos' hace historia en los Oscars de la tele al lograr una docena de estatuillas

RICARDO MIR DE FRANCIA / WASHINGTON

Peter Dinklage.

Peter Dinklage. / AFP/ VALERIE MACON / KEVORK DJANSEZIAN

Quienes esperaban unos premios Emmys más representativos de la diversidad social de Estados Unidos, respiraron tranquilos. Y quienes esperaban un poco de justicia para nombres repetidamente ninguneados, se sintieron reivindicados. La gran fiesta de la televisión estadounidense encumbró en la noche del domingo al lunes, en Los Ángeles, a 'Juego de tronos' como mejor serie dramática y a 'Veep' en la categoría de mejor comedia. Pero también fue la noche de la mini-serie 'Oliver Kitteridge' y de la cadena de pago HBO, a la que pertenecen todas ellas. El actor Jon Hamm (protagonista de Mad men) se llevó su Emmy tantas veces aplazado y Viola Davis hizo historia al convertirse en la primera mujer negra en triunfar como actriz dramática en las 67 ediciones de los premios de la pequeña pantalla de EEUU.

Durante la ceremonia de entrega de los galardones, los productores de 'Juego de tronos'dieron las gracias a la HBO (convertida en la mayor factoría de excelencia en esta nueva era de la televisión) «por creer en los dragones», al recoger el galardón más importante de la noche. Tras cuatro años consecutivos a verlas venir, los siete reinos surgidos de la literatura fantástica de George R.R. Martin, que estuvo sentado junto al equipo de la serie, obtuvieron finalmente su recompensa. Lo mismo que su director (David Nutter), sus guionistas (David Benioff y D. B. Weiss) y, por segunda vez, el actor Peter Dinklage, el Tyrion Lannister de la serie, que repetía como actor de reparto. Un triunfo rotundo.

La gala presentada por Adam Samberg tuvo sus momentos. Su humor de la escuela de 'Saturday Night Live' ganó con los sketches pregrabados, aunque siempre mantuvo el ritmo y gustó a la crítica. «Como mucha de la gran televisión de hoy, Samberg estuvo excelente, aunque no para todos. (Los conservadores, por ejemplo, fueron la diana de muchas de las bromas de la noche)», ha escrito el rotativo New York Times.

La platea se puso en pie para ovacionar finalmente al seductor y carismático Don Draper de Mad men. La serie se despedía tras siete temporadas que han marcado un antes y un después y, tras 16 nominaciones, se hizo justicia con Jon Hamm. «Esta claro que ha habido una terrible equivocación», dijo el actor al recibir el galardón. Su discurso no estuvo a la altura, pero quizás eso era lo de menos.

Mucha más huella dejó el de la oscarizada Viola Davis, que abrió su parlamento citando a la abolicionista negra del siglo XIX, Harriet Tubman. «Lo único que separa a las mujeres de color del resto son las oportunidades. No puedes ganar un Emmy cuando los papeles para hacerlo no existen», dijo emocionada. Davis entra en la historia por su papel protagonista en la serie dramática Cómo defender a un asesino.

La comedia política Veep acabó con el reinado insultante de Modern family que, de repetir estatuilla, se hubiera convertido en la comedia más celebrada de la historia de la televisión estadounidense. Veep se llevó cuatro Emmys, incluido el de mejor actriz para Julia Louis-Dreyfus, que encarna en la pantalla a la vicepresidenta de EEUU Selina Meyer, y repite por cuarta vez consecutiva.

Tampoco hubo sorpresas respecto al mejor actor de comedia. Fue para el celebrado Jeffrey Tambor, que tras una vida de secundario ha enamorado a la crítica en la nueva serie de Amazon Transparent, en la que encarna a un padre transexual que en plena vejez decide salir del armario. Tambor dedicó el premio a la comunidad trans. «Gracias por vuestro coraje, gracias por vuestras historias, gracias por vuestra inspiración, gracias por dejarme ser parte del cambio», dijo en su alocución.

Esta temporada se han despedido series notables como Parks and Recreation, Mad men y Empire, pero también se iba tras tres lustros en antena el Daily Show de Jon Stewart, seguramente el programa de sátira política más ácido, inteligente y divertido de la televisión estadounidense. Y tuvo el último reconocimiento que merecía. Tres Emmys y un adiós marca de la casa. «Muchas gracias, ya nunca tendréis que volver a verme», dijo el genial cómico judío.

Pocos conocían Olive Kitteridge, la «encantadora, despiadada, magistralmente contenida» miniserie de cuatro horas sobre el amor, el matrimonio, la paternidad o la enfermedad mental, según la descripción de Los Angeles Times. Pero la Academia de las Artes y las Ciencias de la Televisión la convirtió en una de las sensaciones de la noche. Cuatro estatuillas, incluidos Bill Murray y Frances McDormand.

Al final, escribió la revista Variety, «los votantes de los Emmys favorecieron la controversia, el prestigio y las despedidas sentimentales en un domingo con una lista ecléctica de ganadores que desafió muchas expectativas».

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