Delirio 'trash' con Raphael

El cantante lidera la desfasada en 'Mi gran noche', de Álex de la Iglesia

Raphael, en San Sebastián, tras presentar ’Mi gran noche’.

Raphael, en San Sebastián, tras presentar ’Mi gran noche’. / EFE / JAVIER ETXEZARRETA

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BEATRIZ MARTÍNEZ / SAN SEBASTIÁN

El director Álex de la Iglesia tenía fijación por trabajar con el cantante Raphael. Ya lo percibimos en Balada triste de trompeta, titulada como uno de los temas que aparecían en Sin un adiós (1970), cuyas imágenes, con Raphael vestido de payaso, formaban parte del clímax final de la película. Ahora vuelve a repetir la jugada en Mi gran noche, pero en esta ocasión ha tenido la oportunidad de contar con el cantante como el verdadero maestro de ceremonias

Tiene De La Iglesia la capacidad para extraer de la cultura popular española todo el jugo necesario para convertirla en elemento referencial en sus películas, que se encuentran repletas de símbolos icónicos de nuestra historia reciente. Y para el realizador, Raphael «representa la idiosincrasia española. Tiene un trasfondo y un background que nos define».

Mucho de ese universo mitómano está presente en Mi gran noche, la película más coral de Álex de la Iglesia, la más caótica y también esperpéntica, y que gira en torno a la grabación de un programa de televisión de Año Nuevo. En él, dos figuras, una representante de la vieja escuela (Raphael con un toque de irresistible autoironía), y un joven cantante ídolo de jovencitas (Mario Casas), se disputarán ser el primero en aparecer en pantalla tras las uvas. «Él trata de defender su jerarquía ante tanta porquería que hay alrededor. Es una persona que está defendiendo su prestigio y todo lo que ha conseguido en la vida. Yo lo entiendo perfectamente», nos contaba Raphael, en Madrid unos días antes de la presentación de la película en San Sebastián.

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Junto a él, encontramos un nutrido número de caras conocidas del cine español, desde Carmen Machi a Blanca Suárez, pasando por Pepón Nieto, Hugo Silva y hasta llegar a su musa, Terele Pávez. A De la Iglesia le gusta el circo, el espectáculo, y de algún modo sus películas terminan convirtiéndose en eso. Él suelta a sus fieras, a sus leones, pero no siempre es capaz de domarlas y conducirlas de la manera adecuada.

Dice el realizador vasco que ha querido encerrar a un grupo de gente en una situación de la que no puede salir. Y de cómo se vuelve loca y pierde la razón. ¿Una metáfora sobre la situación de España? Por ahí van los tiros, pero en clave trash y despendolada marca de la casa. Y aunque en muchos momentos la anarquía supere a la sátira, ahí está Raphael para arreglarlo. Sus momentos junto a Carlos Areces son míticos. Quizás por eso, al cantante le ha picado el gusanillo y quiere seguir actuando, porque, como él dice, «yo soy un chico que está empezando». Por su parte, a De la Iglesia le gustaría completar una trilogía: «El siguiente paso es convertirlo en psychokiller».