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Shyamalan no se fue

'El sexto sentido' lanzó al estrellato a un director después maltratado por la crítica, a pesar de que buscaba un cine fantástico original, riguroso y arriesgado

JUAN MANUEL FREIRE / BARCELONA

Antes había rodado ya dos películas, pero el Shyamalan que todos conocemos nació en 1999 con posiblemente la única película suya que ha puesto de acuerdo a casi todo el mundo: El sexto sentido, drama sobrenatural que sorprendió no solo por su giro final -un recurso, desde entonces, marca de la casa- sino también por el rigor de su puesta en escena y un ritmo paciente no tan fácil de encontrar en el Hollywood contemporáneo.

El sexto sentido triunfó en taquilla, recibió el aplauso de la crítica y fue nominada a seis Oscar, aunque se fue de vacío. Poco después, Shyamalan ocupaba la portada de Newsweek con un titular ambicioso: «El nuevo Spielberg». Hace solo unos años, los anuncios de su película After Earth (2013) evadían mencionar el nombre del director, asociado a los fracasos críticos y de taquilla. ¿Qué salió mal?

En realidad, casi nada. Al menos si hablamos en términos artísticos. El protegido (2000) dividió opiniones, pero se trataba de algo tan original -y avanzado a su tiempo- como una película de superhéroes en clave realista. En lugar de rodar El séptimo sentido, Shyamalan quiso lanzarse a por una nueva historia. Y de nuevo, sorprendía a todos los niveles.

Señales (2002) era al cine de invasión alienígena lo que El protegido al de superhéroes: una relectura novedosa por buscar el enfoque humano y verosímil, sin cerrar el paso a la poesía visual. Siguieron películas notables pero con una mala reputación que a algunos se nos escapa: El bosque (2004), La joven del agua (2006) y El incidente (2008) son intentos honestos de renovar el cine fantástico con historias originales, una puesta en escena cargada de ideas y un riesgo nada común.

Descrédito en EEUU

El de Shyamalan es uno de los casos más flagrantes de maltrato crítico del cine reciente. En Estados Unidos, queremos decir, porque la crítica francesa y también española, por ejemplo, supieron seguir viendo las virtudes del cineasta. «No sé qué pasa conmigo y los críticos en Estados Unidos», dijo en una entrevista reciente. «Pero algo pasa».

A Shyamalan le obligaron a huir de sí mismo y probar suerte con historias ajenas, lo que no le salió tan bien, aunque la quietamente épica After Earth mereciera otra acogida. La visita marca su retorno a las historias propias y se saluda como un comeback. La verdad es otra: Shymalan, en realidad, nunca se fue del todo.