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TERROR

'La visita', terrores esenciales.

M. Night Shyamalan

M. Night Shyamalan parece haber vuelto al redil. Después de una serie de películas de alto presupuesto en las que no lograba encontrar su verdadero espacio como autor, ahora recupera parte de su esencia en La visita, una pequeña producción en la que sí es capaz de controlar hasta el más mínimo detalle y en la que vuelve a recuperar la confianza demostrando que sigue siendo un maestro del suspense y un experto a la hora de configurar relatos con una buena carga simbólica.

En esta ocasión, la reflexión que subyace tras las imágenes de La visita, no tiene que ver con metáforas medioambientales o políticas como ocurría en películas como El incidente o El bosque. Aquí, el protagonista es el propio cine y también el propio Shyamalan. El director parece como si quisiera acercarse al lenguaje cinematográfico por primera vez, como si estuviera jugando a través de Becca, la niña que funciona como su alter ego, buscando testimoniar con su cámara la primera visita que hace con su hermano a la casa de sus abuelos maternos.  El realizador en todo momento se sitúa desde una perspectiva omnisciente, manejando todos los hilos, pero estos parecen desvanecerse bajo su batuta maestra, al hacernos partícipes de la historia de una manera muy directa, utilizando los presupuestos del found footage para darles la vuelta y manejarlos a su antojo.

Y como no podía ser de otra manera, La visita incluye un giro final, marca de la casa, aunque tan burlón que se convierte en puro disfrute, casi a modo de desmelene bizarro absolutamente delicioso.

BEATRIZ MARTÍNEZ