Najat el Hachmi: «No renunciaré a mi origen como escritora»

La escritora publica su tercera novela, 'La filla estrangera'

Najat el Hachmi: «No renunciaré a mi origen como escritora»

RICARD CUGAT

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ERNEST ALÓS / BARCELONA

En la novela con la que se dio a  conocer y con la que recibió el premio Ramon Llull, L'últim patriarca, Najat el Hachmi (Beni Sidel, 1979, residente desde los 8 años en Vic, Granollers y, ahora, en Barcelona) narraba el choque entre un padre autoritario y la hija que ha crecido en una ciudad catalana. En La filla estrangera, su tercera novela y premio BBVA-Sant Joan(Edicions 62 / Destino), la tensión se establece entre madre e hija. Al acabar el bachillerato, una estudiante brillante ha de elegir entre proseguir sus estudios en Barcelona o quedarse junto a su madre en una ciudad de comarcas bajo el control de la comunidad. Hasta que una boda concertada hace estallar las contradicciones entre el vínculo familiar y la necesidad de volar del nido.

-¿Hasta qué punto hablamos de ficción, o de experiencias autobiográficas o de terceros?

-Es una novela, por encima de todo. La intención no era explicar mi experiencia personal sino aprovechar lo que tengo a mano, ponerme en el lugar de estas chicas que están al principio de la edad adulta. Han de elegir qué vida quieren llevar, y empiezan un proceso de negociación entre las raíces y lo que querrían hacer.

-No habla de la relación madre-hija en abstracto, sino de una madre y una hija en un entorno concreto.

-Tenía ganas de mirarlo desde la realidad que conozco. Las mujeres amazigh en una situación determinada.

-Si una autora de Barcelona escribe tres libros muy urbanos con protagonistas de Barcelona nadie se planteará nada. Pero si escribe de nuevo sobre jóvenes inmigrantes marroquís en Catalunya, ¿dirán que se encasilla?

-Aquí hay muchas cosas. En un paisaje, un mundo, puede pasar cualquier historia. Si te dicen que siempre estás escribiendo lo mismo porque el paisaje y los tipos de personajes son los mismos, hay para empezar un desprecio por el trabajo mismo del escritor. Es también un mecanismo para expulsar lo diferente, lo que consideramos foráneo y extraño a nuestra literatura. Yo también me creí, durante un tiempo. Que sería una escritora normal cuando pudiese escribir de situaciones normales. No era consciente de esa trampa, la de quienes me decían que sería una buena escritora cuando pudiese escribir desde el punto de vista de un hombre blanco. ¡Ya hay bastantes novelas escritas y protagonizadas por hombres blancos de clase media! En la literatura catalana, en general, hay una tendencia a invisibilizar según qué realidades. Pero además a mí me gusta escribir de mujeres marroquís, de cuestiones de identidad y de género. No renunciaré a mi origen como escritora. Un espacio incómodo, conflictivo, que te lleva continuamente a cambiar de perspectiva. Hay mucho material que he vivido que creo que literariamente es interesante.

-¿Tenía eso claro en su segunda novela, La caçadora de cossos

-En el segundo libro hice caso a los que decían que si no escribía con personajes de aquí no sería una buena escritora. Aunque también necesitaba distanciarme de L'últim patriarca, un huracán que me cogió por sorpresa.

-¿En ese huracán, se sintió un poco mono de fira, como dice de sí misma su protagonista cuando la presentan como la alumna integrada modelo?

-Sí, completamente. Hay dos extremos, que te nieguen la posibilidad de ser, la discriminación negativa y directa, o esto de la discriminación positiva, que te sientas halagada porque te aplauden pero no sepas cuál es tu mérito individual. El paternalismo es denigrante, aunque lo prefiera a la discriminación pura y dura.

-En el caso de la protagonista, el pañuelo es una imposición familiar que ve como una jaula. ¿Es siempre así? ¿Hay casos en que no lo es?

-Y que sí lo es... Hay casos en que es una imposición familiar, o grupal. Una presión del colectivo, que la persona que lo ha de llevar ve como una cosa imposible de asumir. También hay chicas que tienen una relación identitaria, no religiosa, con el pañuelo, o que sienten presión y prefieren taparse. Pero cuando es un problema no lo solucionarás poniendo a caldo a toda la comunidad y tomándolo como pretexto para discriminar a todo un colectivo. Todo el mundo te pide que rompas con ello  y te enfrentes a la familia, ¿pero qué te dan a cambio?

-La protagonista se queja de que a cambio, la dejarán colgada.

-Cuando estábamos en Granollers lo veíamos. Mujeres que tenían el permiso de residencia vinculado al marido y no les permitía trabajar, que sufrían violencia de género y que no podían hacer otra cosa que seguir con él. En esa situación es muy difícil que denuncien. Se tuvo en cuenta en la modificación de ley de extranjería, pero el trámite es tan largo que es difícil aguantar. O el caso que explico, que es real, del despido de una mediadora de un ayuntamiento, aprovechando una baja de maternidad, porque se había puesto pañuelo. Se oyen muchas palabras sobre igualdad, pero después... Por otra parte, hay cuestiones que dependen más de la inmigración que del origen. Como el machismo.

-¿Hay más aquí?

-Sí, porque la mujer pasa a ser quien ha de garantizar el mantenimiento de los valores tradicionales. Tenían más libertad mis primas viviendo en Marruecos que yo aquí. Pero porque hay más confianza en el entorno, y aquí en cambio se desconfía y hay un repliegue. Las chicas reciben estas presiones con fuerza. Son las que simbolizan cómo es o no es la integración. El foco está sobre ellas.

-La lengua adoptada por la hija, que la separa del amazigh de la madre, nunca se menciona.

-Porque dices catalán, en este país, y te estás metiendo en otras cosas que no me interesaba tocar en esta novela... Tenemos una lengua muy politizada, y el mejor favor que le podemos hacer es utilizarla.

-¿Adoptar otra lengua hace que la madre perciba a su hija como extranjera? 

-Sí, aunque de hecho el título remite a un poemario de la Marçal, La germana, l'estrangera. Dice que solo al nacer tu hija ya la sientes como extranjera, la has gestado y la has imaginado, a la vez es algo tuyo y no eres tú.  La condición de madre lleva automáticamente sientas a los como extranjeros. Si además los sitúas en un espacio en que la hija hace cosas que no tienen nada que ver con el mundo de la madre, que estudia, lee, habla y piensa en otra lengua, imagínate la sensación. Y lo impresionante es que por muy extranjera que seas de tu madre, el vínculo es muy difícil que se pueda romper.

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-Todas las referencias literarias sí son las de las lecturas de literatura catalana de secundaria. Riera, Roig, Marçal, Rodoreda...

-A lo largo de la narración ella va comparando el mundo de la madre y el suyo, vinculado a la educación y la literatura. Quiero pensar que es una búsqueda de otros referentes femeninos distintos a los de la madre, las autoras son sus madres literarias.

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