Tim Robbins: «Los héroes reales no tienen superpoderes»

El actor norteamericano protagoniza junto a Benicio del Toro 'Un día perfecto', de Fernando León de Aranoa, que llega este viernes a los cines

Tim Robbins y Benicio del Toro, en una imagen de ’Un día perfecto’.

Tim Robbins y Benicio del Toro, en una imagen de ’Un día perfecto’.

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BEATRIZ MARTÍNEZ / MADRID

Impresiona ver a Tim Robbins en toda su inmensidad, con sus 1,96 metros de altura. Ha pasado por Madrid para promocionar la última película de Fernando León de Aranoa, Un día perfecto, que llega este viernes a los cines y en la que comparte protagonismo con Benicio del Toro, Olga Kurylenko y Mélanie Thierry. A sus 56 años de edad, el actor que ganó un Oscar por Mystic river, pasa por un estupendo momento profesional. Ha dirigido una adaptación de El sueño de una noche de verano de Shakespeare para teatro; se ha confirmado que habrá una segunda temporada de la sátira política The brink en la cadena HBO cuyo reparto encabeza junto a Jack Black; y puede apostar por proyectos tan especiales fuera de la industria de Hollywood como esta película ambientada en la guerra de los Balcanes en la que interpreta a un cooperante internacional, algo que de alguna manera entronca con su lado más comprometido y solidario.

-Es la segunda vez que trabaja con un director español tras Isabel Coixet en La vida secreta de las palabras. ¿Qué tienen de particular estos proyectos para que se involucre en ellos?

-En las dos ocasiones me encontré con guiones únicos, valientes y sinceros. Y lo más importante, con historias que no se hubieran podido realizar en los Estados Unidos.

-Y casualmente ambos tienen en común la guerra de los Balcanes…

-(Risas) ¡Es cierto! Y Bosnia. La verdad es que era una buena oportunidad para contar una historia sobre personas reales que hacen proezas. Que son héroes, que arriesgan sus vidas para ayudar. Arriesgan mucho y no tienen ningún superpoder. El significado de lo que es un héroe siempre nos lo han vendido de una manera errónea. Están retratados desde un punto de vista fantástico, pero en el mundo en el que vivimos hay personas que hacen cosas portentosas sin necesidad de utilizar capa, volar o contar con efectos especiales como hace Marvel. Hollywood solo nos vende la imagen del superhéroe que le interesa. Pero nada de eso es real. Esta película nos daba la posibilidad de cambiar ese punto de vista.

-Su personaje, B. es un hombre totalmente absorbido por su trabajo, y tiene un punto de locura muy kamikaze.

-Nos reunimos con cooperantes reales, y me parecieron personas íntegras y fuertes. Pero creo que Fernando me guiaba para que hubiera algo de mí en ese personaje que todavía no había explorado con anterioridad. Mi familia desciende de los de pioneros que atravesaron América de una punta a otra, del Este al Oeste. Hay que tener un punto de locura para hacer eso. Pero también de valentía. En realidad, mi personaje es como un cowboy, como un vaquero un poco desequilibrado pero de buen corazón. Un redneck. Normalmente en el cine americano se les trata de ignorantes, racistas, pero no tiene que por qué ser así, conozco a muchos que son muy liberales, de izquierdas. Y yo quería dar ese toque distinto al personaje.

-¿Hollywood te puede también volver un poco loco?

-El problema es que hay gente que pierde la visión del resto del mundo, distorsiona la perspectiva de las cosas y cuando eso ocurre a veces ya no hay marcha atrás. Puede pasar en cualquier profesión, en realidad. Les pasa a los actores y también al cooperante que interpreto. Cuando te metes en una vorágine, necesitas más adrenalina y dejas de ser una persona normal. Solo quieres más. Y después, más. Hay personas que no se conforman con una vida doméstica, que no pueden ser felices con los pequeños placeres que te ofrece la vida.

-Una de las particularidades de Un día perfecto es el sentido del humor muy negro que desprende. ¿Piensa que la sátira y la risa pueden convertirse en armas eficaces para luchar contra los problemas de la sociedad?

-Creo que es un elemento esencial dentro de toda esta locura en la que vivimos. La sátira es una gran forma de iluminar el pensamiento porque se filtra a través de la inteligencia, y así se accede de una manera muy sutil a asuntos que el poder prefiere esconder o dejar a un lado. Por ejemplo, ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, la película de Standley Kubrick, contribuyó de forma mucha más eficaz a que la población tuviera un conocimiento de verdad del peligro de la guerra nuclear que cualquier documental en clave realista.

-¿En estos momentos se siente pesimista frente al panorama político y social actual? 

-Al contrario. Me siento más optimista que nunca. Si me hubieran dicho hace diez años que la Corte Suprema iba a aprobar el matrimonio homosexual en Estados Unidos, no me lo hubiera creído. Pero hemos asistido a una revolución, casi sin darnos cuenta gracias, gracias a la fuerza de internet y de las redes sociales.

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-Se ha democratizado más la información. 

-La opinión de la gente por fin cuenta. Antes, hace diez años, la información estaba controlada por los medios de comunicación. Por eso había tanto miedo. Ellos lo generaban. Sin embargo ahora la perspectiva se ha abierto. Los ciudadanos pueden expresarse libremente y gracias a eso a veces se promueven cambios, se activan protestas. Es una fuerza real. Creo que estamos en una nueva era. La gente puede tener el poder. Y no hablo de revolución ni violencia, sino de que se puede acceder a una información no controlada por aquellos que mandan.

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