Ben Harper, en buena compañía

CRÓNICA El cantautor lució su reencuentro con The Innocent Criminals en Cap Roig

Ben Haper, en el festival de Cap Roig.

Ben Haper, en el festival de Cap Roig. / FERRAN SENDRA

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JORDI BIANCIOTTO / CALELLA DE PALAFRUGELL

La música de Ben Harper, esa mezcla de músculo rock y narrativa folk con esencias afroamericanas que miran tanto a la materia, el blues y el soul, como al espíritu, el gospel, requiere un entendimiento íntimo con sus músicos, y ahí, la alianza con The Innocent Criminals marca territorio. Siete años después de su última gira, que pasó por Badalona, la formación al completo ha vuelto a la carretera para lucir sus complicidades y celebrar el repertorio más esencial del cantautor californiano. Ahí les tuvimos, el sábado en el Festival Jardins de Cap Roig, en uno de esos recitales en los que el disfrute se intuye no solo en las gradas y la platea sino en el mismo escenario.

Harper y los suyos transmiten esa sensación de que, a veces, entran en sus canciones de tal modo que pierden el mundo, y el público, de vista, dando forma a un estado mental compartido, lleno de confesiones sentimentales y llamamientos a un mundo mejor. Música con cierta aura de misticismo, construida en colectividad y dirigida por un Harper de voz frondosa, con un color semejante al de clásicos soul como Otis Redding, y provisto de una guitarra acústica que toca con heterodoxia. De ella salieron las primeras notas de la noche, en Diamonds on the inside, y las seis cuerdas apuntalaron luego una canción aún inédita, Masterpiece ,y Gold to me, en esta colocando el instrumento sobre las rodillas y deslizando los dedos en modo slide.

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Sesión convulsa, con muchos cambios de ánimo, de los guiños al blues rural de Homeless child al sólido groove rockero de Don't take that attitude to your grave, a través de secuencias desenfadadas (Steal my kisses, con el percusionista, Leon Mobley, en un primer plano a cargo del cajón, o la sensual Into the colors) y desvíos con cierta trascendencia espiritual, como en el funk-rock de Fight for your mind (diálogos instrumentales con el bajista, Juan Nelson) o la afro Excuse me Mr. Repertorio improvisado en buena parte sobre la marcha, al estilo Van Morrison, con mayoría de canciones de los años 90, tanto de discos que Harper grabó con el grupo como de obras en solitario.

INTENSO FUNDIDO / Un recital, como es costumbre, generoso, dos horas y cuarto, que, en sus últimos compases, en lugar de alzar el tono, tendió al fundido suave con Forever y Amen omen, un Walk away acústico en solitario y un vehemente Where could I go que Harper cantó en parte a cappella, dirigiéndose al público a corazón abierto. Cuando, hace dos décadas, debutó en Barcelona, teloneando a PJ Harvey en Zeleste, Ben Harper tenía aspecto de clásico antes de tiempo. Ahora quizá comienza a serlo.

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