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LAS FURA CONQUISTA ROMA CON SU PUESTA EN ESCENA DE LA OPERA DE PUCCINI

Madama Butterfly suburbial

La Fura conquista Roma con su puesta en escena de la ópera de Puccini

Alex Ollé sitúa a Cio Cio San en un barrio periférico sacudido por la especulación inmobiliaria

CÉSAR LÓPEZ ROSELL / ROMA

De Sidney a los antiguos baños públicos de la Roma Imperial. Madama Butterfly, de la mano de Àlex Ollé de La Fura, ha recorrido 16.000 kilómetros desde su estreno hace un año en la ciudad australiana para llegar a Europa y conquistar a los 3.500 espectadores que el lunes se dieron cita en la première de la temporada lírica de verano de las Termas de Caracalla. Calor, color, espectacularidad, pero sobre todo mucha emoción en esta mirada moderna a la ópera de Puccini. En ella, Cio Cio San, seducida y abandonada por un Pinkerton presentado como un especulador inmobiliario que cree que lo puede comprar todo por dinero, vive en un suburbio. En una barraca a medio construir, como el barrio que se dibuja en el horizonte.

Las piedras de este majestuoso espacio, donde se programan conciertos, danza y ópera, son utilizadas en este montaje como metáfora del drama de la geisha. El suyo es el sueño roto de un amor que al final queda solo las ruinas. La escenografía de Alfons Flores permite el juego de contrastes entre el primer acto, lleno de exotismo, y la contundencia del mensaje del segundo y tercero. Ambos marcan la evolución de la delicada adolescente que se convierte en una mujer firme, frente a un entorno hostil, en la defensa de la pureza de sus sentimientos.

Proyecciones por 'mapping'

Las proyecciones de Franc Aleu, dibujando gracias al mapping una esplendorosa luna, nubes, rascacielos y edificios a medio construir, ayudan mucho a ilustrar el ambiente de la historia. Y nada digamos del trabajo de Lluc Castells, quien en su tarea de diseñador con visión escenográfica aporta a cada personaje el vestuario adecuado a su personalidad. Así Angelo Villari (Pinkerton) es un tipo berlusconiano solo atento a sus negocios, con los que deslumbra a Cio Cio San, mostrándole planos de sus proyectos para derribar las chabolas y edificar algo muy parecido a Bellvitge. Él es para ella un Dios, al que se siente atraído en cierto modo por la erótica del poder.

Pero si el concepto es importante, lo resulta más la teatralidad con la que son tratados los personajes, papel en el que tiene un importante rol Susana Gómez. La narración nunca se pierde por los verdes prados de Caracalla y el intimismo está muy cuidado, algo que tiene mucho más valor en un marco tan inmenso. La función crece en el segundo tramo donde la emoción juega un papel decisivo. En el inicio, el relato se imita a discurrir por el colorido de la boda pactada, el desfile de la novia y sus acompañantes y la presentación de los personajes de la trama en el espacio de un bosque de juncos..

Cálido reconocimiento

La fuerza del tsunami destructor que es la del especulador se proyecta claramente en la continuación. La casa prometida a la geisha se ha quedado en barraca a medio construir, la zona ha sido arrasada. Un explícito cartel -Construcciones Pinkerton. Últimos pisos a la venta- nos sitúa en el entorno de la historia. Pero en ella es clave la fuerza, expresividad y brillante línea de canto de Asmik Gregorian, una Madama Butterfly de mucho quilates. Espectaculares fueron las escenas en las que se muestra con una camiseta con la bandera americana para simbolizar que ella es más señora Pinkerton que nadie. Su interpretación de la patética aria Un bel di, vedremo hizo derramar más de una lágrima.

Pero donde dio lo mejor de si fue en las escenas finales, cuando el regreso de su idealizado amor se convierte en tragedia. El y la esposa americana le arrebatan al hijo y se hace el harakiri en el interior de la casa. Un pasaje dramáticamente muy bien resuelto. Fue la más aclamada en una noche de éxito general, en la que Villari recibió muchos aplausos, así como Anna Malavasi (Suzki) y el resto del reparto.

La Fura obtuvo un cálido reconocimiento por su trabajo tal vez menos furero. El director de la Opera de Lyón, Serge Dorny, felicitó al equipo de montaje y la Opera de Roma comunicó que esta propuesta pasará a formar parte del repertorio del espacio y volverá a ofrecerse el próximo verano. Yves Abel, al frente de la orquesta y coros de la casa, fue ovacionado por su sensible trabajo.

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