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relevo al frente de un centro de referencia

La Tàpies elige a Carles Guerra como director

El nuevo responsable aboga por reconectar la institución con la calle

NATÀLIA FARRÉ / BARCELONA

El crítico, comisario y profesor universitario de arte contemporáneo Carles Guerra (Amposta, 1965) es, desde el martes y por los cinco próximos años, el nuevo director de la Fundació Antoni Tàpies. El que fue conservador jefe del Macba hasta el 2013 y responsable de La Virreina, del 2009 al 2011, se ha impuesto por unanimidad a las otras 19 candidaturas que optaban al puesto  a través del concurso internacional convocado por el centro para buscar sustituto a Laurence Rassel, que desde 2008 estaba al frente de la institución.

A favor de la elección del ya director ha jugado el proyecto por él presentado: «Ambicioso, atractivo, original y en sintonía con lo que ha sido la trayectoria histórica de la fundación», según Xavier Antich, presidente del patronato de la institución, que se muestra convencido de que se ha nombrado a «un profesional de trayectoria conocida y reconocida aquí y fuera» que está «absolutamente capacitado para liderar la nueva etapa», y cuyo reto principal es «mantener y ampliar el prestigio nacional e internacional de la institución».

Para ello, Guerra tendrá en cuenta a la hora de programar tanto el contexto actual, algo que siempre ha hecho la fundación: «Ser crítica, pensar en las condiciones del momento y dar una respuesta ajustada»; como el legado de Tàpies: «De mucho peso y carácter». Un legado que Guerra quiere mantener «no como un patrimonio cerrado y acabado, sino como algo que aún genera discursos y debates». Y un legado que da una figura, la de Tàpies, que siempre «tuvo un alto grado de intervención en las transformaciones civiles, sociales y políticas del  país». Característica que Guerra pondrá  «en primer termino» durante su mandato.

Un plató donde pasan cosas

Todo ello sin olvidar un contexto local barcelonés de «tránsito» en el que el papel de las instituciones está cambiando: «Antes podían ser faro de los movimientos y acontecimientos sociales, ahora es al contrario, los que estamos dentro envidiamos la creatividad, la agilidad y la energía que se produce en la calle». De manera que uno de sus objetivos, aseguró, será «reconectar con estos procesos».

Y lo hará desde una fundación que desde que remodeló su espacio y Rassel se hizo cargo de la programación ya «no es solo un lugar de exposición sino un plató donde pasan cosas y en el que el público se ha convertido casi en materia prima, en alguien que participa y puede ser poseído por los contenidos». Principio que Guerra continuará impulsando con una programación, que presentará en otoño, y que diluirá «la idea de que la esfera del arte esta solo hecha de contribuciones propiamente visuales, estéticas y formales».

La delicada parte económica también esta en la mente de Guerra que apuesta porque la Tàpies pase de ser una «institución fuertemente subsidiaria» a ser «una institución fuertemente participada». Todo con el objetivo de seguir pensando dentro de cinco años que «la fundación es tan necesaria como lo es ahora. Ya que actualmente corremos el riesgo de pensar que las instituciones culturales son redundantes».

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