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EXPOSICIÓN EN EL MUSEU D'HISTÒRIA DE CATALUNYA

Francesc Boix, más allá del Holocausto

Una retrospectiva, con numerosas imágenes inéditas, reivindica al fotógrafo de Mauthausen

Anna Abella

Boix captó Nuremberg destruida en 1946, cuando testificó en los juicios. / FRANCESC BOIX

Boix captó Nuremberg destruida en 1946, cuando testificó en los juicios.
Imagen del interrogatorio por parte de los aliados del comandante nazi de Mauthausen, Franz Ziereis, en Gusen, en mayo de 1945.
Soldado republicano disparando un fusil en el frente, durante la guerra civil.
Dolores Ibárruri, La Pasionaria, con Pablo Picasso y Marcel Cachin en una exposición en París para recoger fondos para los supervivientes de los campos, en febrero de 1946.
Francesc Boix, en la habitación en la que se alojó los días que declaró en los juicios de Nuremberg, el 28 y 29 de enero de 1946.
Francesc Boix, con una cámara, en el valle de Meià (Noguera), en abril-junio de 1938, en una imagen tomada por un autor desconocido.
Foto tomada por Boix del entierro en París, el 27 de marzo de 1946, de Francisco Largo Caballero, expresidente de la República.
Foto de Boix de soldados republicanos en una trinchera durante la guerra civil.

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Sus fotos tomadas a partir del 5 de mayo de 1945, documentando la liberación de Mauthausen, al que llegó deportado el 27 de enero de 1941, y el estado de los supervivientes, y las que junto con otros presos republicanos logró robar del laboratorio fotográfico a los SS del campo nazi y sirvieron de testimonio del Holocausto en los juicios de Nuremberg, en los que él mismo testificó, han dado durante años la vuelta al mundo. Pero hay un antes y un después prácticamente inédito de Francesc Boix, aquel joven alegre y temerario nacido en el Poble Sec, que moriría exiliado en París en 1951, con solo 31 años, y que ahora revela la primera retrospectiva de su obra, Más allá de Mauthausen. Francesc Boix, fotógrafo, comisariada por la historiadora Rosa Toran. Hasta el 18 de octubre el Museu d'Història de Catalunya muestra cerca de 200 imágenes, además de vídeos (como el documental 'Noche y niebla', de Alain Resnais) y objetos, como su carnet de reportero gráfico, pertenencias de otros deportados republicanos o una de las tres copias que se conocen de las listas de presos copiadas por los presos españoles.

Las fotos recuperadas por la Comissió de la Dignitat

Antes de llegar como exiliado a los campos de Francia en 1939, Boix ya empuñó su Leica al inicio de la guerra civil. Con apenas 18 años, en los frentes de Aragón y del Segre retrató a sus compañeros disparando, evacuando a heridos, escribiendo o leyendo en las trincheras, llenando sus cantimploras en el río o descansando, pero también «en la retaguardia -señala Toran-, a soldados ayudando en la siega o disfrutando de momentos de ocio con civiles bailando sardanas o jugando al fútbol». La muestra reúne una cincuentena de esas fotos, muchas aún no vistas y que pertenecen al fondo de la Comissió de la Dignitat, que las recuperó en el 2013 de manos de un ciudadano francés y a las que se había perdido el rastro tras la deportación de Boix a Mauthausen.

"Boix ya de joven en Barcelona era amigo íntimo de Teresa Pàmies y Joaquín y Gregorio López Raimundo -explica Toran, sobre el origen de su vinculación al Partido Comunista-. El destino quiso que Boix y Joaquín acabaran deportados en Mauthausen y siguieran siendo amigos tras la liberación. De hecho fue Joaquín quien cuando Boix murió recogió sus cosas de su apartamento en París. Fue cuando Montserrat Roig, para su trabajo monumental en el libro 'Els catalans als camps nazis' fue allí a entrevistar a Joaquín, que este le habló de los negativos de Boix y le ofreció el material. Cuando Roig lo dio a su amiga, la fotógrafa Pilar Aymerich, para que lo revelara esta se dio cuenta de la importancia de su testimonio, y fue cuando la periodista lo donó a la Amical de Mauthausen".

Himmler en el campo

Tras esa primera época llegan las conocidas y perpetuamente escalofriantes imágenes robadas a los SS -la visita de Himmler al campo, la temible cantera y sus 186 escalones, los presos desnudos, los cadáveres...- y las que el Boix tomó durante la liberación -el grupo de republicanos españoles, la asamblea de los comunistas en las duchas, los hornos, los supervivientes, la mujer alemana (Anna Pointner) que ocultó los negativos sustraídos en su casa, el interrogatorio y muerte del comandante del campo Franz Ziereis...-.

Últimos años en el exilio francés

De 1945 a 1947 es la última parte de la exposición, coorganizada por la Amical de Mauthausen y la Comissió de la Dignitat. Totalmente inéditas son las fotos de los juicios de Nuremberg y Dachau (en los que testificó, y cuya intervención puede verse en uno de los vídeos de la muestra), y las que tomó, como fotoperiodista profesional, en un viaje a Argelia con otros periodistas de las tribus del Rif e imágenes muy ligadas al Partido Comunista en Francia, con actos sindicales y asambleas multitudinarias en contra de la dictadura de Franco, con la Pasionaria, Santiago Carrillo y Picasso o el entierro, en París, del expresidente de la República Largo Caballero, o del Festival Mundial de la Juventud y de los Estudiantes de Praga.

Las fotos de Boix han sido cedidas para su conservación al Museu d'Història (en septiembre ya podrán consultarse en su web), que el 2 de julio inaugurará otra muestra en pro de la memoria histórica y con motivo del 70º aniversario de la liberación de los campos, Huyendo del Holocausto. Catalunya y los refugiados judíos de la segunda guerra mundial

Para el director del museo, Jusèp Boya, esta antología de la obra de Boix "recoge la obra de un hombre que vivió en medio de dos conflictos terribles y que salió perdedor de ambos, una vida que es una metáfora de la tragedia". Por ello, "era necesario reivindicar su labor documentalista por una parte y, por otra, su sensibilidad a la hora de captar personas y momentos, y su figura como uno de los fotoperiodistas importantes y con proyección mundial". 

En la presentación de la exposición, este jueves, estaba la emocionada sobrina del fotógrafo catalán, Anna Maria Salomó Boix, con su marido, que vive en Italia y entonces tenía apenas siete años. "Mi madre era su hermana Rosa y tras la liberación nunca volvieron a verse porque ella se había quedado en Barcelona -comenta-. Pero sí se escribieron cartas y él le enviaba a veces regalos, como un pañuelo de seda. Recuerdo que mi madre me contó que de niño, a Francesc no le gustaban las judías y como excusa para no comérselas decía muy digno él que era comida castellana".   

La editorial RBA también acaba de reeditar a raíz de las conmemoraciones por el fin de la segunga guerra mundial, el libro Francesc Boix, el fotógrafo de Mauthausen, con prólogo de Javier Cercas.

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