LA REALIDAD SOCIAL EN VIÑETAS

Las ancianas ni-ni-ni llegan al cómic

'Las abuelas dan el golpe' conjuga con humor crisis, vejez y solidaridad

Una viñeta de ’Las abuelas dan el golpe’.

Una viñeta de ’Las abuelas dan el golpe’.

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ANNA ABELLA / BARCELONA

Cuatro ancianas, Concha, Angustias, África y Dolores, amigas que los domingos se citan en casa de una de ellas a jugar al bingo, entran en una oficina bancaria. Pero no van a cobrar la pensión sino que, armadas con agujas de hacer media, una muleta y una sartén, pretenden cometer un atraco. A simple vista son inofensivas pero una de ellas, según deduce la policía, es «extremadamente peligrosa» porque es una «yaya ni-ni-ni -ni hijos, ni nietos, ni marido- de las que se dedican a cometer actos delictivos y escraches». Con indispensables dosis de humor, y ternura, la novelista y abogada Raquel Franco (Barcelona, 1976) ha construido el guion de Las abuelas dan el golpe (Planeta Comic), con dibujos de Cristina Bueno (1983), donde además de reflejar las consecuencias de la crisis en la tercera edad y reivindica el derecho a tomar decisiones durante la vejez.

«Cada protagonista representa problemas típicos durante la vejez, y en concreto los de las ancianas: la que debe hacerse cargo de los hijos, la que afronta un desahucio, la que está sola y sin familia, la que tiene un hijo que quiere llevarla a la residencia para quedarse con su piso... Pero quería mostrarlas no como personas débiles que sufren sino como mujeres que toman las riendas de su vida. Tendemos a olvidar que muchos ancianos pueden tomar sus propias decisiones, que tienen derecho a opinar y decidir cómo cambiar las cosas para salir adelante», explica Franco, que compagina la abogacía con la escritura y tiene claro que este no será su único cómic.

La guionista no se inspiró en personas concretas sino en el ambiente que sintió cuando hace pocos años vivía en el barrio del Besòs, en un bloque de pisos en el que excepto ella y otro inquilino solo había gente mayor. «Lo llamaban el edificio de las viudas porque todas lo eran. Tenían entre ellas relaciones conmovedoras, más que con sus propias familias. Llevaban toda la vida viviendo allí y vi cómo les afectaba la crisis, cómo los hijos volvían a vivir de la pensión de la madre, desahucios...»

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Por ello, porque la historia de fondo es dura, las autoras quisieron hacerla digerible, quitarle dramatismo y que se leyera con una sonrisa. Y lo lograron, con un fino sentido del humor que casa perfectamente con el estilo de la dibujante Cristina Bueno (Sostres, Ausencias). Ese sentido del humor lo heredó Franco sobre todo de su abuela Sagrario, que físicamente encarna Concha en el cómic.

Pero las viñetas reflejan también la solidaridad con las atracadoras de grupos de indignados. Como los que se congregan ante el banco o el apoyo vecinal para frenar el desahucio de Angustias, porque «con solidaridad se puede salir adelante y las cosas se pueden cambiar».

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