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UN CUARTO DE SIGLO DE UNA INSTITUCIÓN DE REFERENCIA

Tàpies después de Tàpies

La fundación del artista celebra 25 años con una exposición de obras de la colección particular del pintor

La efeméride llega en una época de cambios motivados por la crisis y la muerte del creador

NATÀLIA FARRÉ / BARCELONA

Esta es una semana de aniversarios artísticos: 40 años de la Fundació Miró y 25 años de la Fundació Tàpies. La institución dedicada al autor de las Constelacions lo celebró el miércoles con una gran fiesta, y la centrada en la obra del pintor matérico lo hará este fin de semana con una jornada de puertas abiertas. Ambas dedicarán el año a recordar la efeméride. La primera reordenando su colección permanente e incorporando al recorrido general las piezas mironianas del coleccionista japonés Kazumasa Katsuta. Y la segunda con la muestra, hasta el 10 de enero, de parte de la colección particular de Tàpies, que incluía tanto obras suyas como de otros artistas, y que la familia ha cedido a la fundación en depósito durante 10 años.

Así, la muestra, Tàpies. Colección de artista, exhibe 60 obras de las muchas que atesoró el pintor durante su vida. De estas, 40 son salidas de su pincel y 20 de la mano de otros creadores del siglo XX. Y todas forman parte de las 230 que la familia ha cedido temporalmente. Las que llevan la firma de Tàpies son en su mayoría inéditas, ya que desde su realización han formado parte de los fondos del artista y nunca han salido del domicilio familiar. Y alguna, como Blanc amb persiana, no es solo inédita sino que se ha montado -la forman una tela y una contraventana- por primera vez para la actual muestra. El conjunto forma un recorrido por la trayectoria del pintor, desde mediados de la década de los 40 hasta finales de los 80, y evidencia su evolución desde la producción más temprana, entre expresionista y onírica, hasta alcanzar la madurez, en los 50, para llegar al trabajo con los materiales y las texturas.

Klee, Miró y Picasso

Las 20 restantes, las firmadas por Klee, Miró, Picasso, Kandinsky, Pollock y Dubuffet, entre otros, ayudan a entender al Tàpies coleccionista -«adquiría lo que le gustaba» y lo hacía «no por un afán de coleccionismo sino por el placer de rodearse de obras de arte que le transmitían energía para seguir trabajando», apunta su hijo Toni-. Y explican, también, como se formó la colección: «por qué estas obras y qué papel jugaban», apunta Núria Homs, conservadora de la fundación. De manera que las piezas van acompañadas de documentación que las contextualiza. Así, Téte d'homme, la pintura de Miró que Tàpies tenía en su dormitorio, luce junto al borrador de una carta en la que el pintor matérico expresa a Miró el placer de poder intercambiar obra con él. Y el picasso Le coq saigné cuelga junto con el catálogo -con certificado autógrafo de autenticidad incluido- de la muestra sobre el malagueño en la que Tàpies adquirió la pieza. Un documental inédito realizado en 1981 por Maria Lluïsa Borràs completa la exposición que celebra los 25 años.

Un cuarto de siglo que llega a la institución de la calle de Aragó en un momento de cambios. Por un lado, la fundación no está en su mejor momento económico. La muerte de su fundador puso fin al ingreso de los derechos de reproducción de las obras del artista. Además, en el 2013 se acabó, así estaba estipulado, la aportación regular de la familia Tàpies, aunque esta donó voluntariamente 100.000 euros en el 2014 y 75.000 este año. Y a esto hay que sumar las subvenciones públicas cada vez más reducidas en nombre de la crisis. Así, con un presupuesto para el 2015 de 1,9 millones de euros, el mismo que en el 2012, la fundación mira al futuro en busca de un modelo que «permita mantener la relación cualitativa con los públicos y mantener su idiosincrasia de no dar lo que se espera sino descubrir nuevos paradigmas y retos estéticos», apunta Laurence Rassel, actual directora de la fundación. Un modelo por descubrir que deberá encontrar el nuevo responsable del centro, cuyo nombre se dará a conocer el 30 de junio.

Por que la de ayer fue la última presentación de Rassel, que abandona el cargo tras siete años de compromiso, y que lo hace con la satisfacción del trabajo bien hecho: «No hemos tenido miedo y hemos provocado con una programación arriesgada», como la muestra del coreógrafo Xavier Le Roy «en la que no había obras de arte en la pared sino intérpretes en un espacio vacío». Un mandato, el de no mantenerse en la zona de confort y enfrentarse a lo desconocido, que ya apuntó Tàpies cuando en 1984 ideó la fundación que se materializó en 1990, el 5 de junio hizo 25 años.

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