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Muse contra el control

La banda de rock británica publica este lunes 'Drones', un disco sobre la opresión política y militar

JUAN MANUEL FREIRE / BARCELONA

¿Menos es más? Según la filosofía Muse, una falacia. Para este trío de Teignmouth (Devon, Inglaterra), menos siempre ha sido nada y todo, siempre, muy poco. Su rock más-grande-que-la-vida cabalga sobre voces dramáticas, riffs de guitarra mastodónticos, arreglos de cuerda, arpegios de sinte cósmicos… En directo, su avalancha de luces y lásers te introduce en la «puerta de las estrellas» de 2001: una odisea del espacio.

Por eso, cuando los integrantes de Muse definieron Drones, su nuevo disco, como un back to basics, no había que pensar en un disco grabado en mitad del campo y con el crepitar de una hoguera como único efecto especial. En realidad, se referían a un disco de concepto sobre la opresión política y militar, con algo menos de pirotecnia electrónico-orquestal de la habitual pero también un penúltimo corte de 10 minutos con desembocadura en las Variaciones Enigma de Elgar.

Salvando Dead inside, primer single, cuesta encontrar temas con la pegada inmediata de un Time is running out o un Plug in baby, pero eso parece importar poco a unos Muse más preocupados por dar forma a un arco narrativo completo. Los fans del grupo abrazarán probablemente esta exhibición de ambición y llevarán el nuevo álbum a las cotas de éxito de los anteriores (en conjunto, según datos de Warner Music, Muse han vendido más de 17 millones de discos).

La portada de Drones explica la trama general: el mundo está controlado por drones que usan a drones para convertirnos a todos en drones, como en un juego de muñecas rusas paranoico.

Matt Bellamy, líder de Muse, tuvo la idea del disco tras leer un libro sobre la guerra de drones contra Al Qaeda. Antes tenía en alta estima a Obama, pero tras leer sobre lo que parecía una mañana habitual del presidente -levantarse, desayunar, ir a la habitación de guerra y seleccionar objetivos-, cambió de idea.

Producido por Robert Mutt Lange, rey del blockbuster hard rock (AC/DC, Def Leppard), Drones niega desde el primer segundo la posibilidad de unos Muse tímidos: Dead inside es un corte directo, heavy y a la encía, con toques corales estilo Queen, sobre alguien que muere por dentro tras el fin de una relación y cae víctima de fuerzas oscuras. Sería fácil leer aquí una referencia a la ruptura de Matt Bellamy con la actriz Kate Hudson, a la que une un hijo de tres años.

Según Bellamy, su separación ha marcado el disco en cierto modo. En declaraciones a New Musical Express, hablaba de cómo «cuando alguien se encuentra de repente fuera de una relación, reflexiona sobre las cosas, piensa sobre los momentos de su vida en que cree que las cosas no fueron como esperaba… Reconecté con los puntos de mi vida en que me sentí solo o fuera de todo», más o menos como el personaje de Drones al principio de la historia.

Oscuridad y liberación

Sigue el oscuro triplete formado por Psycho (con cuerdas: este disco no es tan básico), Mercy (arpegios de sinte: más trampas) y la especialmente progresiva Reapers, en las que observamos a nuestro héroe siendo absorbido por los militares y marchando a la guerra. Después, a mitad de The handler, siente la necesidad de sentir, de vivir una vida en lugar de ser teledirigido para matar.

[JFK], intro para la posterior Defector,samplea un famoso discurso de John F. Kennedy de 1961 sobre el ascenso del comunismo. «Estamos opuestos alrededor del mundo -decía Kennedy- por una monolítica y despiadada conspiración que se basa principalmente en medios encubiertos para expandir su esfera de influencia: infiltración en lugar de invasión, subversión en lugar de elecciones, intimidación en lugar de libre elección, guerrillas de noche en lugar de ejércitos de día». Palabras, según dijo Bellamy en el programa radiofónico Sixx sense, «relevantes todavía ahora».

Admiración por Snowden

En el vídeo de Defector hay imágenes de Edward Snowden, figura admirada por Bellamy: «Es un movimiento valiente arriesgarlo pese a ir contra de la corriente», dijo en BBC 6. A la deserción (defector es desertor en inglés) sigue la revuelta de Revolt y, después, el reencuentro con la posibilidad del amor de Aftermath, en cierta sintonía con los U2 de One. Este momento pop contrasta con lo que viene justo después: The globalist, los citados 10 minutos de locura progresiva. Especie de secuela espiritual del tema Citizen erased de Origin of symmetry (2001), que ya duraba casi siete minutos y medio, narra el auge y caída de un dictador con una visión musical que salta del score a lo Ennio Morricone al asalto metal y de ahí a la balada de piano en homenaje a Elgar. El cierre definitivo es un corte titular en clave de a capella espiritual. Última palabra: Amén.

No es un disco tan pequeño y su gira de presentación será, según Matt Bellamy, incluso más teatral que cualquier gira que hayan hecho antes. Su idea es, cuando puedan, incorporar drones, así que quien acuda a la actuación del grupo en el Bilbao BBK Live de julio debería vigilar el cielo.

Temas: Muse Música