14 ago 2020

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ENTREVISTA

Mikel Santiago: «Quiero que el lector espere sorpresas»

El novelista publica 'El mal camino' tras el éxito de 'La última noche en Tremore Beach'

ERNEST ALÓS / MADRID

El pasado verano, la novela de un debutante, Mikel Santiago (Portugalete, 1975) se hizo un hueco entre las lecturas de tumbona y playa, entre los thrillers que obligan a pasar páginas para llegar a desentrañar el desenlace y que tienen como uno de sus espacios naturales los momentos de evasión vacacional. Tras La última noche en Tremore Beach (y sus 35.000 ejemplares vendidos, más traducciones y proyecto de película), este sociólogo y músico sin suerte reconvertido en programador informático y escritor, emigrado primero a Dublín y después a Amsterdam, ha regresado rápidamente con su segundo libro, El mal camino (Ediciones B). De una historia de intriga misteriosa con premoniciones sobrenaturales y tormentas ominosas en la costa irlandesa ha pasado a este thriller con toques conspirativos y musicales, en el que un escritor de best-sellers y un veterano rockero, que está a punto de regresar a la carretera tras años de decadencia, no saben en la que se han metido cuando el segundo atropella a un hombre en una carretera de la Provenza. El rockero huye, se arrepiente y cuando regresa a buscar el cadáver éste ya no está. Incauto él, insiste en saber qué ha sucedido.

-Hace un año, cuando presentó Tremore Beach, dijo que su próxima novela se desarrollaría en Nueva York. Veo que no es esta.-Tengo muchas cosas comenzadas. Esa novela es una que terminé pero no me quedé satisfecho con ella. El mal camino era otra idea que retomé. Me atraía mucho como segunda novela porque repetía un poco algunos ingredientes de Tremore Beach. La historia pequeña, doméstica, de una familia, de vecinos, un exilio artístico, la primera persona. Tenía miedo de no poder crear un nuevo personaje suficientemente diferente, pero creo que conseguí una voz un poco más divertida, cínica y sarcástica.

-En la primera, el protagonista era músico. En la segunda, un escritor con amigo músico. 

-¡Ya tengo ideas de novela en las que no hay ni un músico ni un escritor! Estoy explorando el campo amplio que hay en el mundo del thriller. El mal camino está enfocada hacia las novelas de conspiraciones, como las de Ira Levin, como reglas del juego. Es también un poco como La semilla del diablo. Ese preguntarse: ¿qué está pasando a mi alrededor?, ¿hay una conspiración?… Tiene elementos de Stephen King, en los sueños, en la imaginería, en lo onírico un punto terrorífico, personajes parecidos...

-En Tremore Beach sí tenía componentes fantásticos más claros.-Esta novela tendrá elementos paranormales o no según quién la lea. Yo creo que no los tiene. Hay una patología, los dos personajes crean un mundo en su cabeza, caen en la misma trampa de crear una conspiración a su alrededor. Empiezo el libro con una sorpresa, muy al estilo Hitchcock, y en este caso el inicio es mucho más fuerte. He querido cambiar a nivel rítmico. Tremore Beach era adictiva pero tenía un principio más laborioso. Aquí desde el primer párrafo intento atrapar al lector. El escenario también cambia mucho. De Dublín a la Provenza. Su manera de vivir es un poco la del Tom Ripley de Patricia Highsmith. Pero quizá no cambie tanto: ellos vuelven a ser irlandeses, hay un retiro artístico...

-¿Bert es el escritor que le gustaría ser? Aunque solo sea por la cuenta corriente y el Alfa Spider.

-Es el escritor que muchos escritores querrían ser. Como Tom Selleck en aquella película, Su coartada: el clásico escritor carismático y divertido, al que le va bien comercialmente, que no es un artista oscuro sino bastante normalillo. Bert empieza así, como un personaje muy blanco, pero se va oscureciendo.

-La evolución de Bert sí que es un vértigo hitchcockiano.

-Aquí rizo el rizo de la novela patológica. Como Tremore Beach, es una novela que ocurre dentro de la cabeza de alguien. Llena de falsos espejos, delirios, intuiciones, teorías que son como un castillo de naipes y de repente se derrumban.

-Chuks, el músico que una noche se lleva por delante a un desconocido en una curva y huye, ¿a qué estrella del rock se parece? 

-Imagino a un tío como Jim Kerr, el cantante de Simple Minds, pero menos exitoso. Un tío que triunfó en los 90, que tuvo una carrera de unos seis años pero que quedó cortada de raíz.

-Aunque lo de que esté grabando un disco en un sótano de una villa en la Provenza sí que remite a los Stones.-Total. Es que cuando me consagré a la música, cuando era un imberbe, me zambullí en la historia de los Stones, que algún día alguien escribirá como si fuese una Biblia. Y hay varias referencias a la trayectoria de los Stones en el libro. Su huida a la Provenza eludiendo al fisco, la persecución del consumo de drogas y toda la leyenda de la grabación de Exile in main St. en la villa de Keith Richards.

-Después del años escribiendo relatos en la web y con un segundo libro en las librerías, esto parece ir en serio. ¿Qué escritor quiere ser?

-Me gustaría ser un escritor del que se esperen sorpresas. Que la gente lea su obra con curiosidad. Tengo un estilito propio, una dimensión de los libros, un tipo de personaje de viaje emocional y de trama, un tipo de equilibrio entre historia personal y thriller pero no me gustaría encasillarme en nada. Esta segunda novela tiene muchos paralelismos con Tremore Beach pero tengo otras muchas historias muy diferentes. Quiero que el lector se pregunte, a ver qué juego nos plantea. Bueno, parece una chorrada, supongo que es lo que todos los escritores quieren. Pero yo me esfuerzo mucho en sorprender. En dar una vuelta de tuerca a las expectativas que hay sobre un thriller, utilizar un sentido del humor un poco macabro pero divertido. El sentido del humor de una película como El Premio con Paul Newman.

-En otros países más que en España, los escritores de género son muy productivos. ¿Quiere seguir ese ritmo de un libro al año?-Me encantaría. Espero no cansar al lector, lo cierto es que estoy todo el día inventando historias y querría aprovecharlo al máximo.

-Ha vuelto a Portugalete. ¿Qué tal lo de ser ex-expatriado?

-Sigo siendo un expatriado. Regresé porque había muerto mi padre y quería estar más tiempo con mi madre. Además iba a nacer mi hija. Pero ahora en Bilbao hemos empezado de cero y tengo un montón de amigos extranjeros.

-Acaba de ser padre. ¿La expectativa de serlo le ha influido a la hora de escribir sobre Bert y su hija?

-Bastante. Una amiga psicóloga ya me dijo que Tremore parecía un manifiesto de alguien que quería ser padre. En El mal camino hay un poco de chiste sobre cómo podría ser yo como padre de una chica. Juego con el tópico de la sobreprotección y los novios de las hijas.

-Respecto a Irlanda, que le ha marcado tanto. Quién iba a decir que el matrimonio gay ganaría por goleada el matrimonio homosexual en un referendo.

-Allí era ilegal la homosexualidad hasta hace muy poco. Pero es una sociedad en la que la Iglesia se ha desacreditado. Ahora tiene por delante unos años de callarse y hacer limpieza a fondo. Irlanda se ha enriquecido al abrirse al mundo. Ahora los irlandeses comen mejor.

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