UNA DE LAS PLUMAS DE 'THE WIRE'

El poeta del crimen

Richard Price pasó por el festival Primera Persona para hablar de su carrera como novelista y guionista

"Cuando ves el caso de Eric Garner, solo puedes decir: 'que jodan a los polis¿", afirma el neoyorquino

Protagonista 8Richard Price, el viernes en el CCCB, antes de su participación en el festival Primera Persona.

Protagonista 8Richard Price, el viernes en el CCCB, antes de su participación en el festival Primera Persona. / FERRAN SENDRA

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JUAN MANUEL FREIRE / BARCELONA

«Espero que traiga alguna pregunta original», me dice Richard Price como saludo. Y en el intento de ser original, se me ocurre cantarle mi devoción por NYC 22, teleserie algo ignorada que creó hace unos años. «Era horrible», me contesta. Vamos bien. «No todo», replico. «A veces los diálogos casi parecían poesía slam». Tampoco funciona. «Era horrible: era una serie para una cadena generalista, y esa gente hace pausas para vender algo cada 11 minutos. Te piden que seas tan poco sutil como sea posible. Quieren que la gente vuelva a la tele después de limpiarse el culo».

Fichar a Richard Price para una serie policial y después darle órdenes parece un delirio, pero that's entertainment. Si alguien sabe escribir de polis, ese es Price, autor primero, digamos, literario, convertido a partir de Clockers (1992) en cronista ejemplar y a todas luces poético del crimen estadounidense. Como Capote, Price ejerce como reportero para dar realismo a sus libros: mete el pie en el fango, convive con polis, se empapa del ambiente... Y después traduce todo eso no en un simple reportaje de ficción sino en pura, vibrante literatura.

El autor ha pasado esta semana por el festival Primera Persona para hablar sobre una modélica carrera literaria que inició en 1974 con The wanderers. Las pandillas del Bronx, adaptada al cine por Philip Kaufman, y tiene como última muestra The whites, en fase de traducción para el mercado español. El libro ha aparecido en otros países firmado por Harry Brandt, el alias elegido por Price para una serie de libros en principio rápidos, escritos con fines prosaicos. «No sé cómo lo hago. He ganado una pasta y no tengo dinero», admite. Lo que iban a ser cuatro meses de trabajo fueron al final cuatro años: «Los problemas llegaron desde la primera línea. Creía que podía escribir de otro modo, en lugar de como suelo hacerlo, aunque lleve haciéndolo así desde 1973». El libro se complicó y se convirtió en lo que Dennis Lehane ha llamado «una gran novela americana».

Ya se prepara la película, de la que él mismo escribe el guion, aunque no le guste adaptarse a sí mismo. Lo hizo con Clockers y Freedomland y afirma no fue una buena experiencia: «Es como si tú mismo te revolvieras las tripas, como si te operaras a ti mismo del apéndice. No es agradable. Pero cuando compran los derechos de un libro mío, suelen exigirme que yo mismo escriba el guion».

Price no ha tenido ningún problema para hacer guiones con obras ajenas o escribirlos desde cero, sobre todo en los años 80 y 90, cuando se cobraba mejor por ellos. Escribió para Martin Scorsese El color del dinero, además del vídeo-corto del Bad de Michael Jackson. También puso palabras a filmes conocidos como Melodía de seducciónLa chica del gángsterRescate... Pero quizá su trabajo más conocido como guionista sea la serie The wire, de la que escribió algunos capítulos.

Al principio, el encargo le impuso, porque su ficción siempre se había desarrollado entre yonquis y polis y The wire le obligaba a subir un escalón; hablar de alcaldes y congresistas. Algo parecido le ha pasado con un encargo reciente, la adaptación para HBO de la miniserie inglesa Presunto culpable«He tardado en escribirla dos años. No conocía el mundo de los tribunales y los abogados. El único abogado al que he conocido es mi abogado de divorcio y espero no volver a verlo en mi vida».

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Ahora mismo, Price piensa en dos novelas que debería haber entregado hace tiempo mientras espera luz verde, también de HBO, para desarrollar una serie junto a David Simon (creador de The wire) y George Pelecanos. «Sería un retrato del Times Square de la década de los 70. No sé si sabe usted cómo era aquello. Fue el tiempo más sórdido de la historia de Nueva York. La ciudad estaba arruinada, el crimen estaba por los aires, la heroína estaba por todas partes, los policías eran unos corruptos...»Ferguson y Baltimore

La policía tampoco pasa ahora por su momento más popular en Estados Unidos. En el debate sobre Ferguson y Baltimore, Price elige un punto intermedio: «La gente habla de la policía pero solo ha visto la superficie. Cuando estás con ellos, es como si alguien te diera una máscara de buceo y bajaras al fondo, más allá de la superficie, para llegar a los arrecifes de coral e incluso a las placas tectónicas. Cuando ves lo que pasó con Eric Garner, solo puedes decir, 'joder, que jodan a los polis'. Es lo que es. Y te pueden pedir que te pongas en su pellejo, que es cuestión de la adrenalina, pero lo siento: que los jodan. Por otro lado, a veces es verdad y solo estando dentro de ese terremoto puedes llegar a comprenderlo».