UNA BIOGRAFÍA CON LUCES Y SOMBRAS

El conservador pop

Julià Guillamon recorre la vida de Joan Perucho, desde las novelas que escribió en la década de los 50 y su aportación como crítico de arte a la revista 'Destino' hasta su «triste decadencia»

Joan Perucho 8El escritor, en su casa en el año 2003.

Joan Perucho 8El escritor, en su casa en el año 2003. / FERRAN NADEU

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ERNEST ALÓS / BARCELONA

El crítico Julià Guillamon dedicó su tesina a la obra de Joan Perucho, comisarió en 1998 una gran exposición dedicada al escritor y mantuvo una estrecha relación con él. Pudo remover entre sus carpetas y entrevistar a sus amigos. Todo este material ha acabado sedimentándose en Joan Perucho, cendres i diamants (Galàxia Gutenberg), una biografía del escritor pero también, como indica el subtítulo del libro, de una generación, la primera que entra en la universidad tras la guerra. «Perucho siempre está, aunque muy pocas veces sea la figura central de lo que está pasando. Te permite hablar de muchas cosas, de las revistas del SEU, de las catalanistas, de Espriu, de Riba, de Destino...», explica Guillamon.

Una generación que encontró su lugar en el sistema y cuyas discrepancias con el régimen han sido a menudo magnificadas, opina Guillamon. «A todo el mundo le repugnaba un poco lo que se vivía, pero era una generación que se había tenido que acomodar. Ha sufrido la guerra y la posguerra y de repente puede instalarse y triunfar».

Del Perucho inicial, Guillamon destaca su papel de puente con la poesía española de vanguardia. Y de los años 50, tras haber conseguido la plaza de juez rural en Gandesa «para no trabajar demasiado», la autoría de «dos grandes novelas, Llibre de cavalleries y Les històries naturals, que sacan algo que él tiene dentro y nunca se acaba de manifestar, que es el trauma de la guerra civil. Es la teoría de la reconciliación, que entonces están proponiendo todos». De esas grandes novelas destaca Guillamon que «hizo una literatura pop, todo lo contrario de la literatura histórica de ahora y en la línea de Italo Calvino o Umberto Eco, mezclando tiempos históricos, con un trasfando serio pero con sentido del humor».

Esa línea de trabajo queda truncada en 1960. «Tiene un desengaño. Se presentó al Joanot Martorell en 1959 y no recibió ni un voto, aunque en el jurado estaban sus amigos. Porque ha llegado Ricard Salvat, que trae el teatro de Brecht, mientras Perucho viene de un mundo que es el de la primera posguerra que se ve como agotado».

Periodismo

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Pero además a Perucho, como a tantos otros autores, «se lo come el periodismo». En 1960 entra como crítico de arte en la revista Destino. Ese segundo Perucho, para Guillamon, no es en absoluto negligible. «Su crítica de arte en un primer momento es muy innovadora y militante, abre Destino al arte moderno con una visión muy abierta y apuesta por los creadores». Pero las cosas evolucionan muy deprisa y ya en 1968 queda desbordada por una nueva generación más politizada. Y se arruina con la editorial Taber.

Su segunda travesía en el desierto acaba en 1981 con Les històries del cavaller Kosmas. En ese momento se le empieza a publicar «indiscriminadamente y sin ningún sentido». Y en los años 90, los de la subida al poder del PP, juega el papel del escritor que reivindica su bilingüismo. «Lo iba diciendo por todas partes, pero a parte de sus artículos su obra de creación es casi íntegramente en catalán», apunta el biógrafo. Esa es, cree, una de sus imposturas. En sus últimos años, en parte por motivos de salud, ese escritor «divertido y simpático» se amarga y entra en una «triste decadencia»«Se fue resecando, sacó lo peor de sí mismo y empezó a defender cosas muy carcas».