EXDIRECTORA DEL BALLET CLÁSICO NACIONAL

La bailarina Maya Plisetskaya muere a los 89 años

La estrella del ballet se retiró a los 75 años tras una larga carrera en las principales compañías del mundo

Putin aplaude a Maya Plisetskaya, en el año 2000.

Putin aplaude a Maya Plisetskaya, en el año 2000. / ITAR-TASS (REUTERS)

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La bailarina hispano-rusa Maya Plisetskaya, una de las figuras más importantes de la danza clásica, ha fallecido este sábado de un ataque al corazón en Múnich (Alemania). El director del Teatro Bolshoi, Vladimir Urin, ha confirmado a la cadena de televisión Rossiya-24 el fallecimiento de la estrella rusa de la danza, de 89 años de edad. Tras su muerte, el presidente ruso, Vladimir Putin, ha enviado sus condolencias a la familia de la bailarina.

Nacida el 20 de noviembre de 1925 en Moscú, Plisetskaya se incorporó a los 18 años de edad al ballet del Bolshoi y, poco después, fue nombrada bailarina solista líder. Posteriormente, el Gobierno soviético lo proclamó primera bailarina absoluta. En 1947, Plisetskaya interpretó a Odile-Odette en el Lago de los Cisnes, uno de sus papeles más aclamados. Entre otras actuaciones, interpretó a Aurora en La Bella Durmiente y el papel principal en Carmen, escrita especialmente para ella.

Galardonada con tres Órdenes de Lenin (1967, 1976 y 1985) y con el título de Heroína del Trabajo Socialista en 1985, Plisetskaya recibió la Legión de Honor de Francia en 1986, entre otras distinciones. En 1990 puso fin a su carrera como bailarina, tras su último baile el 4 de enero de ese año.

PRIMERA BAILARINA, A LOS 18 AÑOS

Maya Plisetskaya tenía la convicción, la anatomía y la fortaleza para ser una de las mujeres que han hecho historia en el mundo del ballet. Plisetskaya, con solo 18 años, fue elegida primera bailarina del Bolshói, la única en el mundo en lograr a tan temprana edad un puesto de tanta responsabilidad.

Grácil, enigmática, arrolladora, con una energía y una mirada que no desvelaba su edad, vivaz y de verbo fácil, la que fuera directora del Ballet Clásico Nacional de España no escondía lo que pensaba. "Si en España hubiera un buen conjunto con grandes bailarines, grandes pedagogos y coreógrafos, y con buenos sueldos, evidentemente, nadie se iría de aquí", dijo en una entrevista a EFE justo antes de recibir un homenaje en el Teatro Real, en la que alabó las cualidades de los bailarines españoles.

ESPAÑA, SU DEBILIDAD

Siempre reconoció que su interés por España le venía desde niña, cuando interpretó 'Don Quijote', un amor que dejó plasmado en su autobiografía 'Yo, Maya Plisetskaya'. "Este país es hermoso", decía mientras afirmaba que todo lo español le gustaba. Dedicada a ofrecer conferencias y clases magistrales, le costó abandonar los escenarios a pesar de su edad, a los 82 años.

RETIRADA A LOS 75 AÑOS

Un férreo entrenamiento diario y el tesón de permanecer activa le llevaron a realizar una de sus grandes actuaciones, el día de su 75 cumpleaños, en una gala homenaje en el teatro que la vio nacer como bailarina, el Bolshoi de Moscú, con dos mini-ballets creados por el coreógrafo francés, Muarice Bejart.

Con una infancia difícil en la que vio morir a su padre fusilado por Stalin, al tiempo que su familia fue declarada "enemiga del pueblo", siempre reconoció el apoyo y la ayuda de su marido, el compositor Rodion Schedrín, sin el que confesaba "no hubiera podido salir adelante". Condecorada por el presidente de Rusia, Vladimir Putin, con la Orden al Mérito, no dudó en apoyar la reelección del presidente Boris Yeltsin, en 1996, a pesar de que hasta entonces se había mantenido alejada de la política activa.

PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS

Venerada y aclamada por bailarines de todo el mundo, recogió con satisfacción y orgullo el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2005, con la satisfacción impregnada en el rostro al recibir tan prestigioso reconocimiento.

Plisetskaya creó el Ballet Imperial Ruso con el que, cada Navidad, regresaba simbólicamente a los escenarios con clásicos como 'Cascanueces', 'El lago de los cisnes' o 'Don Quijote', obras en las que siempre brilló, además de con 'Carmen' de Bizet-Schedrín.

DISPUESTA A LA INNOVACIÓN

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Siempre atenta a cualquier innovación, y conocida por su rechazo a los convencionalismos academicistas, le gustaba ver cómo los jóvenes bailarines realizaban nuevas versiones de ballets clásicos, argumentaba que le gustaría "que algún día alguien componga con la música del 'Lago' una pieza completamente nueva".

Su amigo y agente en España, Ricardo Cué, la ha definido como su "hermana del alma", un "cisne" que se deslizaba por el escenario. La bailarina consideraba que cada movimiento debía conmover el corazón, dejar una emoción en el alma, y sentenciaba "hay que bailar la música, no seguirla".