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Plácido Domingo impone su carisma

El Liceu aclama al artista tras su intensa actuación como barítono en 'I due Foscari'

CÉSAR LÓPEZ ROSELL
BARCELONA

Era su debut como barítono en el Liceu pero un rumor recorrió la sala. Plácido Domingo no estaba en plenitud de facultades. La directora artística del teatro, Christina Scheppelmann, se encargó de despejar la incertidumbre: el divo cantará a pesar de estar recuperándose de una bronquitis. Suspiro de alivio entre sus seguidores. Lo que vino después ya es conocido. El longevo cantante de 74 años, con una inteligente administración de sus recursos, acabó poniendo en pie a un entregado Gran Teatre con su rol en la melancólica y sombría 'I due Foscari' de Verdi, obra basada en una novela de Lord Byron.

El irrepetible artista, que en el 2016 interpretará en el teatro 'Simon Boccanegra' coincidiendo con el medio siglo de su primera presencia en la Rambla, había agotado las localidades para las dos funciones de la versión concierto de la sexta ópera del compositor italiano. Las dudas que podía generar su actuación, precedida por las críticas negativas de su debut baritonal con 'Ernani' en el Met, se despejaron pronto. Domingo no estaba recuperado pero su indudable carisma en una obra en la que domina la expresividad dramática le hizo ganar la batalla.

Plácido empezó algo inseguro, pero creció hasta mostrar lo mejor de su timbre, musicalidad y exquisito fraseo en el tercer acto con el aria de la renuncia que mereció cuatro minutos ininterrumpidos de aplausos. El artista se emocionó tras la prolongada ovación del final de la función. «El público del Liceu es único y es impresionante recibir este cariño tras tantos años de relación», dijo después de haber vivido una noche en la que hubo mucho de homenaje a su leyenda.

Curso de canto de Liudmyla Monarstyrska

A pesar de tener que renunciar a la escenificación de la obra, algo que hubiera multiplicado sus posibilidades dramáticas, Domingo dio siempre con el perfil del dogo de Venecia y padre afligido por tener que asumir la condena de su hijo Jacopo (un discreto Aquiles Machado). Pero el más espectacular éxito canoro de la velada fue para la explosiva Liudmyla Monarstyrska (Lucrezia, esposa del condenado) en su debut en el teatro. El suyo fue un curso de canto. La ucraniana exhibió su soberbia tesitura de soprano dramática de coloratura y un impactante registro agudo.

Del resto del reparto destacó el bajo Raymond Acero como malvado Loredano, mientras que Josep Fadó y Maria Miró cumplieron con sus roles. La correcta dirección de Massimo Zanetti, al frente de la orquesta y los coros de la casa sobre el escenario, contribuyó a que el volumen sonoro de las formaciones estuviera siempre equilibrado con las voces.