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COMEDIA

'Asterix: la residencia de los dioses', unos galos muy digitales

QUIM CASAS

Asterix: la residencia de los dioses traslada al cine de animación el álbum número 17 de las aventuras de Asterix y Obelix, publicado en 1971 y centrado en el nuevo plan de Julio César para someter a los irreductibles galos. Como sus legiones no consiguen vencerlos nunca, decide construir cerca del pueblo galo un complejo residencial de innegable confort con el que espera seducirlos. Huelga decir que tan maquiavélico y capitalista plan se irá al traste gracias, entre otras cosas, a la célebre poción mágica, aunque durante unos cuantos minutos de metraje los galos se verán desprovistos de su bien más preciado.

El filme versiona muy fielmente el cómic original de Goscinny y Uderzo, sobre todo en su primera parte: los esclavos romanos que arrancan los árboles por la noche y Asterix y Obelix que los regeneran durante el día mediante unas avellanas mágicas; la familia romana a la que le toca una plaza en la residencia durante un sorteo celebrado en pleno circo romano. Faltan algunos detalles inventivos del tebeo (el arquitecto de la residencia inventó también el drive-in en el circo) y la segunda parte se alarga con detalles no presentes en el cómic, pero en general la adaptación no traiciona en nada el espíritu original. Y a tenor de los estropicios desarrollados con los filmes de imagen real con Gerard Depardieu y Christian Clavier, la elección de la animación digital resulta menos molesta. Q. C.

Louis Clichy

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