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Un 'selfie' con Felipe

El coro universitario de Alcalá se atrevió a pedir al Rey una foto para el recuerdo

J. F. / MADRID

La del 23 de abril es una fecha marcada en rojo en el calendario alcalaíno. No es fiesta local, ni las calles se pueblan de libros y rosas, pero la certeza de recibir durante unas horas la visita de los Reyes acompañados por la flor y nata de la cultura y la política madrileña y nacional genera una vibración popular que acaba contagiando a toda la ciudad. Desde bien temprano, las calles próximas a la Universidad de Alcalá de Henares, enclavada en el corazón de la localidad, estaban llenas de grupos de vecinos ansiosos por curiosear.

La estampa la completaba una formación militar apostada frente a la fachada principal del rectorado dispuesta a entonar el himno de España a la llegada de las máximas autoridades y un grupo de tunos preparados para despedir a los ilustres con los sones de Clavelitos. Lo que se dice un sarao de los de antes.

En ediciones pasadas, la solemne cita se vio contagiada por la crispación social que respiraba el país y la entrada y salida de dirigentes no se libró de las consiguientes pitadas. Esta vez -será que la crispación se ha encauzado, será que al nuevo Rey no hay que echarle aún nada en cara- no había protestas aguardando en la puerta sino oleadas de brazos aferrados a teléfonos móviles pugnando por conseguir la mejor instantánea de Felipe y Letizia.

Quizá también influía el menor rango político que tenía la concurrencia. Es norma que el presidente del Gobierno acuda a la entrega del Cervantes, pero ayer Rajoy faltó a su cita con Alcalá. Tampoco vino la vicepresidenta y fue al ministro Wert a quien le tocó representar al poder.

En términos de ecos de sociedad, el plato fuerte del Cervantes tiene lugar tras la solemne entrega del premio. En el claustro de la Universidad, entre álamos y abetos, el galardonado, las autoridades y los invitados participan durante unos minutos de un relajado cóctel. Ayer, entre las bandejas de canapés era fácil ver saludándose a políticos e intelectuales como Alfonso Guerra, Ignacio González (presidente de la Comunidad de Madrid), Ángel Gabilondo (candidato al puesto de González), el alcaldable socialista Antonio Miguel Carmona, los exministros de Cultura César Antonio Molina y Carmen Alborch o los académicos de la Lengua Víctor García de la Concha y José Luis Gómez, entre otros.

Es el momento de las confidencias y los abrazos, aunque sin abusar, que tampoco estamos en un cumpleaños. Ayer, Goytisolo y las autoridades permanecieron en una esquina del claustro hasta que un grupo de cantantes del coro universitario que acababa de interpretar el Gaudeamus igitur se atrevió a pedirle al monarca un selfie para el recuerdo. Felipe, que mostró cintura atendiendo a varios corrillos a la vez, no lo dudó un instante y se unió a los músicos para la instantánea. Son otros tiempos.

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