Ir a contenido

UNA VOZ DE CULTO

Teresa Rebull, la memoria de la 'cançó'

La trovadora, que cantó a la guerra civil y el exilio, murió a los 95 años

JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA

Fue la voz de la memoria para los jóvenes cantautores que, en los años 60, impulsaron la 'nova cançó' y a quienes el mundo anterior a 1939 quedaba lejos. Teresa Rebull vivió la República y la guerra civil como militante del POUM, se exilió a Francia a los 19 años y no fue hasta los 40 cuando se convirtió en trovadora, animada por un veinteañero Lluís Llach.

Como señaló Llach cuando, en el 2006, Òmnium la homenajeó en el Palau (junto a Maria del Mar Bonet, Marina Rossell, Joan Isaac y otros cantautores), su vida fue una aventura que, superado el trance bélico, cobró una nueva forma de cantautora de perfiles maternales, testimonio vivo o cercano de episodios históricos como los evocados en 'Paisatge de l'Ebre', emotiva canción con texto de Josep Gual i Lloberas que aún transmite desolación con su evocación de «'les sabates d'en Jaume'» y los cascotes de metralla. Rebull la entonaba con solemnidad y hondo sentimiento.

Vocación tardía

Teresa Soler i Pi (Sabadell, 1919; tomó su apellido artístico de su marido, Pep Rebull) era hija del líder sindical y cargo del PSUC Gonçal Soler y trabajó en la Conselleria de Treball de la Generalitat en tiempos republicanos hasta que, en 1939, emprendió una nueva vida en Banyuls, la localidad del Rosselló, en la Catalunya francesa, donde se produjo este miércoles su muerte a los 95 años. Aunque en la década de los 50 estableció un dúo doméstico con su hermana Assutzena, que hizo algunas actuaciones radiofónicas, fue a finales de los 60 cuando comenzó a componer canciones y a mostrarlas en público a uno y otro lado de los Pirineos. Dada su edad, fue bautizada popular y cariñosamente como «'l'àvia'» o «'la iaia'» de la cançó.

El sello Concèntric publicó en 1972 su primer álbum, al que siguieron otros en los que mezcló composiciones propias con canciones populares y adaptaciones de poetas como Salvat-Papasseit (es el caso de 'Visca l'amor', otra de las clásicas de su repertorio), Maria-Mercè Marçal ('Vint bales', sobre el asesinato del político y abogado obrerista Francesc Layret) y Martí i Pol ('El meu país', que transmitía la melancolía del exilio).

Tras un disco infantil, 'Papallones... i més' (1984), y otro, 'Camí de l'Argilada' (1986), dedicado a poetas como Jordi Pere Cerdà y Josep Sebastià Pons, Rebull redujo su actividad. En 1992 recibió la Creu de Sant Jordi y siete años después publicó un libro de memorias, 'Tot cantant', en el que evocaba desde su ajetreada juventud y compromiso político hasta episodios de su vida artística como su relación con Georges Brassens. Este miércoles, su amigo Llach le decía adios emocionadamente a través deTwitter: «'la 'maramiga' més forta, compromesa, coratjosa i bella que mai he tingut'».

Temas: Música