Enric Hernàez: «Definirse como un artista es peligroso»

Entrevista con el cantautor, que estrena disco este viernes en Luz de Gas, dentro de Barnasants

Enric Hernàez, fotografiado el miércoles en Barcelona.

Enric Hernàez, fotografiado el miércoles en Barcelona. / ALBERT BERTRAN

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JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA

El autor de 'Una foguera de Sant Joan en ple gener' funde textos propios y de poetas (Joan Brossa, Palau i Fabre, Àngel Guimerà, David Castillo) con texturas jazzísticas en su nuevo disco, 'Cançó per a Helena'. Una obra sofisticada, con abundantes recursos instrumentales, que estrena hoy en Barnasants (Luz de Gas, 21.00 horas).

-En su carrera son frecuentes los cambios: canción, pop, Brasil, blues, formaciones con violas de gamba...-Hace mucho que intento escribir una canción que nunca me acaba de salir y, mientras, van pasando cosas. Si un día diera con la canción perfecta tendría un problema grave...

-Nunca había incorporado un lenguaje jazzístico con tanta corpulencia. ¿El influjo del ambiente del Taller de Músics, donde da clases?-A través de su director, Lluís Cabrera, y Enric Palomar contacté con Javi Garrabella, que estudia en el Taller y ha firmado los arreglos del disco. Un talento joven extraordinario.

-Con esa instrumentación, el texto podía pasar a un segundo plano.

-La canción es una unidad; algo que, cada vez más, veo como un oficio, algo artesanal...

-Así, ¿lo que hace no es arte?

-Todo el mundo dice que es artista, y creo que es peligroso que uno se defina de esta manera. Yo trabajé en una caja y venían prostitutas a hacer ingresos y en «profesión» ponían «artista». Algunas lo serían.

-¿El origen del disco fue la canción que le da título, dedicada a su hija?

-Sí, es una pieza de ritmo 'aswingado'. Pero creo que he hecho un disco de canciones más que de jazz. Cercanas a mis armonías de guitarra.

-Que conectan con el jazz a través de su pasión por la bossa nova.

-Claro, Brasil me hizo adoptar los acordes del jazz. Djavan me decía que había comenzado con la bossa nova y, luego, el pop anglosajón le hizo volver a aprender a tocar la guitarra. Mi proceso fue el contrario.

-En la 'cançó' de los 70 eran frecuentes las adaptaciones de poetas, pero en la actualidad no se estilan. ¿Hay que rebajar el ego para ponerse al servicio de una voz ajena?

-Para quedar bien podría decirle que sí, pero, en el fondo, adaptar un texto ajeno es un acto de ego aún más extremo, porque la canción es tuya y al poeta no lo tienes en cuenta.

-Precisamente, diría que su carrera sufrió un revulsivo con 'Oh poetas salvajes' (2002). Un renacimiento.

-Un disco importante, muy bluesístico, fruto de una crisis personal.

-En aquella época casi había desaparecido...

-Bueno, yo seguí cantando...

-¿Le molesta esa percepción?

-No, es cierto que públicamente desaparecí. Recuperé del todo mi carrera más tarde, a partir del 2009, con el apoyo de Barnasants, y vi que podía cantar en catalán en Italia, Francia o Uruguay. En 1986 yo iba una semana a Madrid a presentar mi disco a Elígeme. Ahora, esto se ha acabado.

-Ya ni se lo plantea.

-¡Si hoy me llaman para cantar en Libertad 8 me voy corriendo! Pero me siento un poco decepcionado por la falta de apoyo de compañeros de allí. No diré nombres. Por otra parte, la cantautoría nunca será un gran negocio. Y yo creo que a la cultura hay que ayudarla. Poniendo salas, y no solo para los cantautores: para los dodecafonistas, ¡que aún los hay!

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-Le cuestión es: ¿el mundo es mejor con dodecafonistas o sin ellos?

-¡Mejor con ellos! Hay géneros y formas culturales que siempre serán minoritarias, y un mundo donde no existan nunca será mejor.