Ir a contenido

EL UNIVERSO DEL AUTOR DE 'QUALSEVOL NIT POT SORTIR EL SOL'

Sisa, el sabio de Poble Sec

El cantautor hace memoria en 'El comptador d'estrelles', un libro de conversaciones con el periodista Donat Putx en el que repasa su vida y reflexiona sobre su actitud artística y filosófica

JORDI BIANCIOTTO / BARCELONA

Sisa le cuesta escribir, o eso dice, y nunca había sentido la necesidad de compartir sus memorias. Pero explicar su vida a través de una serie de conversaciones le pareció una manera «agradecida» de hacerlo. El fruto es el libro Jaume Sisa, el comptador d'estrelles (Ed. Empúries), reflejo de un minucioso, relajado y revelador diálogo con el periodista musical Donat Putx.

El proyecto viene de lejos: hace más de 20 años que Putx le planteó sus intenciones a Sisa, a quien admiraba desde que, a los 13, se cruzó en su camino el álbum Galeta galàctica«Me gustaba tanto Sisa que hasta me gustaba Ricardo Solfa», ironiza el periodista, en el encuentro a tres bandas con este diario, aludiendo a aquel incomprendido alter ego. En el libro, la retórica promocional salta por los aires y Sisa habla sin rodeos del fracaso de episodios como el de Solfa o La màgia de l'estudiant (1979). «El éxito funciona como la escritura automática: no puedes cultivarlo de una manera consciente», razona. En cambio, Qualsevol nit pot sortir el sol (1975) tenía aspecto de «canción de relleno», recuerda Sisa, y se convirtió en su gran éxito. «Fue Víctor Jou quien le dijo: aquí hay sustancia», interviene Putx. La sucesión de esos efectos inesperados alimentó la teoría existencial del cantautor, la galáctica. Primera conclusión: «Todo es muy extraño», sentencia. «Vives la vida como un espectáculo, una fuente de sorpresas permanente. Siempre he procurado conservar ese punto de vista, la visión galáctica, que es una actitud», explica.

Excéntrico pero no frívolo

Esa mirada galáctica, «esférica, de 360º», ayuda a Sisa «a colocarse en el mundo», opina Putx, que la tacha de «sólida, construida», mientras al cantautor se les escapa un poco la risa. ¿Hablamos de un excéntrico? «No es una mala manera de definirlo; es una palabra noble. Pero su excentricidad es familiar, conecta con el alma popular y nunca es frívola», apunta el periodista, para quien Sisa, «el sabio de Poble Sec», como le llama Roger Mas, tiene «un mundo propio de los artistas que perduran».Fueron 20 horas de entrevistas a lo largo de más de un año, partiendo de la infancia del músico en Poble Sec, en una familia de perdedores de la guerra (su padre, Josep, fue voluntario en la FAI y pasó año y medio en el campo de concentración de Burgo de Osma, Soria) y siguiendo con el adolescente inseguro, de gafas y acné, que vio en las canciones «un salvavidas» con el que aferrarse a su mundo interior, al paraíso fantástico que la vida aplastaba sin piedad. El Sisa artista, que comenzó fijándose en Hank Marvin (The Shadows), que vio mundo (en Túnez compuso L'home dibuixat) y que pasó de una estética a otra, del Grup de Folk a la vanguardia de Música Dispersa, y de ahí a su cambiante rol de trovador galáctico. «Sisa ha hecho pop-rock, folk, teatro musical y música experimental; ha cantado boleros y ha intentado ser crooner. Y nunca ha dejado de ser él mismo», estima Putx.

Cambios y rupturas, como cuando, en 1986, inició una estancia de una década larga en Madrid, convertido en el bolerista paródico Solfa y congeniando con Sabina, Krahe y Aute. «Me lo pasé bien, sobre todo al principio. La vida sexual tuvo importancia, pero de eso no hablamos en el libro», bromea. Resucitado a partir del inspirado Visca la llibertat (2000), hace siete años que no publica canciones nuevas, aunque se entrevén movimientos: tiene una veintena de piezas acabadas pero muy pocas prisas. El objetivo es consumar su camino de regreso a la inocencia, porque, como sentencia en el libro, «ser adulto no tiene realmente ningún interés».