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UNA ESCRITORA TRANSGRESORA

La cronista de sí misma

Gabriela Wiener publica el libro de periodismo literario 'Llamada perdida'

ELENA HEVIA / BARCELONA

No hay nada que a la cronista peruana Gabriela Wiener (Lima, 1975) le interese más que tensar el límite. Bueno sí, le interesa mucho más cruzarlo y si por el camino se escandaliza alguien, ¡qué le vamos a hacer! Suele decir que hay por ahí mucha corrección política «apestosa». Wiener, que vivió en Barcelona y en el 2009 se trasladó a Madrid, ha cortado a su medida la vieja crónica gonzo del nuevo periodismo, esa en la que el/la periodista puede llegar a convertirse en el artífice de la noticia. En el pasado, su aportación, entre otras, fue ponerse a  disposición de una dominatrix o preguntar a desconocidos si se acostarían con ella para registrar sus reacciones. Lo plasmó en su libro Sexografías.

Las crónicas literarias que  ahora Wiener ha reunido en  Llamada perdida (Malpaso) pueden parecer menos extremas, pero seguramente son mucho más expuestas y arriesgadas, porque su objeto de observación es ella misma. En ellas se dedica a hablar de sus obsesiones numerológicas (tiene una fijación con el 11),  relata un juvenil y fallido intento de vivir en un trío a lo Jules et Jim (pero con más transgresión sexual), le da por pensar en la muerte mientras aplasta los piojos de su hija  y aunque toma como modelo a ese gran autor del yo que es el noruego Karl Ove Knaus-

gard, el genio de moda, también se reconoce en veteranas periodistas hartas de hablar de sí mismas como Joan Didion o Susan Orlean.

«Creo que en estos textos he roto las reglas de la clásica crónica latinoamericana en la que no está permitida la digresión. Aquí me atrevo a hacer metacrónica, me detengo y me pongo a reflexionar sobre lo que estoy contando». Y como en la mayoría de libros de Wiener, la reflexión sobre el propio cuerpo, de cómo vivir tu sexualidad se encuentra en primer término. «Las mujeres tienen una mayor conexión entre mente y cuerpo, lo que nos hace entrar en conflicto contra un cierto determinismo biológico. Mis libros tratan de cómo romper los condicionamientos de pareja, de cómo ser madre, de cómo relacionarte con tu cuerpo o cómo vivir la sexualidad. Yo vengo de un país donde el aborto no es legal y donde no existe el matrimonio igualitario».

Conviene la escritora que este libro, que convive en las librerías con el reciente poemario Ejercicios para el endurecimiento del espíritu (La Bella Varsovia), le ha salido un poco más sombrío que los anteriores. «Quizá sea porque me hago mayor», asegura risueña. Se rebela contra la idea de que quizá se hayan atemperado su curiosidad y su osadía. De momento, después de haber abandonado trabajos muy bien remunerados que no acababan de satisfacerla ha optado por un modo de vida más austero «en sintonía con los tiempos que corren» y en lo personal han decidido con su marido desde hace 15 años, el escritor Jaime Rodriguez Z. , «ampliar la familia», lo que en su caso no significa tener otro hijo, sino tratar de que el experimento del amor múltiple, vivir en un trío con otra mujer, tenga éxito; esta vez sí. «Soy consciente de la dificultad de este tipo de relaciones, pero también te sirven para aprender que es posible amarse de otra forma. Que somos tres personas o somos tres parejas en una. Qué más da». 

Temas: Libros