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Se apaga la luz de Rosa Novell

La actriz y directora barcelonesa muere a los 61 años víctima de un cáncer de pulmón que la había dejado ciega

IMMA FERNÁNDEZ
BARCELONA

El teatro le devolvió la luz que la enfermedad le arrebató. Lo contaba hace apenas tres meses, cuando, muy ilusionada, desafió esa oscuridad maldita provocada por el tratamiento para superar un cáncer de pulmón subiéndose al escenario del Teatre Romea con un título premonitorio: L'última trobada, de Sándor Márai. La dirigía Abel Folk, también protagonista.

Fue el último encuentro con el público. Un encuentro cargado de emoción y talento. Allá arriba, aquel cuerpo frágil y castigado se acrecentó, regalando a la platea una mayéstica interpretación. «Creo que ahora soy mejor actriz. Es la gente la que me ve diferente», afirmaba tras la función. Pero lo que más aprendió de la gran «sacudida» que la dejó ciega, declaraba, era que «lo importante es el amor». «Lo que más me ha emocionado este tiempo es el cariño de los amigos, de mucha gente, más que los aplausos», se sinceraba. Rosa Novell, una de las grandes actrices de su generación, perdió ayer, a las 19.30 horas, su última batalla contra el cáncer. Tenía 61 años.

«NO ME QUIERO QUEJAR»/ Pareja del escritor Eduardo Mendoza, del que había interpretado y dirigido algunos de sus textos, y hermana de Queco Novell, que justo ayer alcanzaba en el Poliorama las cien primeras representaciones de Polònia. El musical, la actriz que había hecho de la escena su vida declaraba: «El teatro está bien, pero ahora hay otras cosas que han pasado a primer término. No sé cuánto tiempo me queda, ni si podré resistir mucho así... No me quiero quejar». El funeral tendrá lugar mañana, domingo, en el tanatorio de Sant Gervasi, a las 14.00 horas.

«Yo fui una niña extraña y tímida y luego una adolescente que tartamudeaba al hablar en público. La primera vez que me subí al escenario vi que todos me miraban, me escuchaban y que además pagaban religiosamente por hacerlo. Me dije: este es mi lugar», contaba la actriz y directora barcelonesa de su terapéutica irrupción entre bastidores. Novell había estudiado Filología Catalana, pero en 1974 empezó su viaje escénico, del que ya nunca quiso apearse: debutó con Les troianes, de Eurípides, en la Universitat Autònoma de Barcelona, bajo la dirección de Joan Lluís Bozzo, el director de Dagoll Dagom.

Prosiguió su transformación en  personajes complejos y fuertes en la década de los 80 con El balcó, de Jean Genet; Al vostre gust, de William Shakespeare; La ronda, de Arthur Schnitzler; Oh, els bons dies, de Samuel Beckett; La marquesa Rosalinda, de Valle-Inclán; Elsa Schneider, de Sergi Belbel, y, en 1990, Restauració, de Eduardo Mendoza. Memorias de Adriano, Plaça dels herois, La noche de Molly Bloom y Fedra fueron otros de sus títulos como intérprete. «Arriesgarse es el deber de toda artista», declaraba.

También se reveló como una directora teatral de talento con montajes como Maria Rosa, de Àngel Guimerà; Olga sola, de Joan Brossa; Les dones sàvies, de Molière;  Greus questions, de Mendoza, y Fi de partida, de Samuel Beckett.

RECONOCIMIENTOS / A lo largo de su trayectoria recibió importantes reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Interpretación en 1988; el Margarida Xirgu 1989, el Premi de la Crítica y,  en el  2007, la Creu de Sant Jordi.

En noviembre pasado recibió su último galardón, el Butaca que lleva el nombre de la fallecida Anna Lizaran, por su «trayectoria y valentía». Muy emocionada, la actriz y directora recordó a Lizaran y dio las gracias a los que la acompañaron en su retorno a los escenarios.

«Me gusta mucho tener fama de persona seria. Soy muy responsable y puntillosa en el trabajo», declaraba la artista. «He sido reina, puta, fregona y señora estupenda en el teatro, así que no tengo necesidad de serlo en mi vida privada. Esencialmente, soy tímida, indecisa y un poco llorona. Sigo siendo muy criatura», sostenía la gran dama de la escena.

Temas: Teatro

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