UNA HISTORIA DE EDUCADORES Y LEÑADORES

Un Walden en el Montseny

Màrius Mollà hace vivir a un profesor de la Escuela Moderna las duras condiciones del trabajo en los bosques a principios de siglo El autor deja atrás el pseudónimo de Andrés Vidal

Lea los primeros capítulos de la novela

La portada de ’El maestro’.

La portada de ’El maestro’. / THOMAS VILHELM JØRGENSEN

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ERNEST ALÓS / BARCELONA

«Lo tenía muy claro: el protagonista, que ha roto con todo, llega a la montaña y cambia de nombre, con unos conocimientos que no le sirven de nada allí donde llega, debe enfrentarse al bosque con sus manos sin curtir y vivir en una economía de supervivencia». Tiene mucho que aprender pero también mucho que enseñar, y acaba produciéndose «una ósmosis entre los dos mundos». Este es el punto de partida de El maestro (Ediciones B), la novela con la que el ingeniero y escritor Màrius Mollà deja definitivamente atrás el pseudónimo (Andrés Vidal) con el que firmó novelas históricas como La herencia de la tierra El sueño de la ciudad.

El maestro oscila entre dos momentos y dos mundos. De 1899 a 1909, la creación de la Escola Moderna y su fin trágico tras la ejecución de Francisco Ferrer i Guàrdia, vista desde el punto de vista privilegiado de uno de sus colaboradores, un ficticio Pau Bruniquer. En 1914, en Can Noguera, un mas en pleno Montseny, cerca del pueblo de Confins (inspirado en el Campins real), la lucha del recién llegado Emili Boix, que quiere borrar su pasado pero acaba aplicando los principios de la escuela moderna, bajo los árboles del macizo, con los hijos de leñadores, carboneros, campesinos y pastores. «Ese ir a la montaña tiene algo del Walden de Thoreau. Y es que el momento que estamos viviendo tiene algo de regreso a los orígenes, y al mismo tiempo de cambio revolucionario», explica Mollà, que no tiene una relación especialmente intensa con el macizo del Montseny. «Pero el mas del Montseny es una forma interesante de organizarse», explica. Un colectivo de 30 o 40 trabajadores, con familias enteras, leñadores, agricultores y pastores, en el que se pueden desarrollar conflictos y que lleva a Emili a recuperar su vocación pedagógica y sus impulsos revolucionarios. «En Emili hay bastante de los buenos maestros que he tenido. Me gustaría que la relación de un maestro con sus alumnos sea como la de Emili y Arnau: el niño que tiene lo que hoy diagnosticaríamos como transtorno de déficit de atención, pero que enseña a su maestro a tallar la madera».

100 años después

A Màrius Mollà le ha atraído narrar un periodo de cambios y crisis, «porque 100 años después no estamos viviendo una coyuntura tan diferente». En la que, por cierto, opina que un ministro como Wert «es lo que fueron los antagonistas de Ferrer i Guàrdia» y la escuela necesita tantos cambios como entonces. «Arrastramos aún la educación de la revolución industrial, una enseñanza sólida que no sirve tanto en tiempos líquidos, cuando no sabemos cuáles serán los trabajos dentro de 10 o 15 años».

Aunque el mártir de la Escuela Moderna tiene peso en la novela y Mollà no esconde su admiración

-«se le pueden criticar otras cosas, y tenía un punto de dogmático, pero perseveró y murió por la causa»-,

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advierte que esta «no es la novela de Ferrer i Guàrdia» sino de sus personajes de ficción. «No te puedes hacer pesado explicando de forma demasiado exhaustiva los acontecimientos históricos, para retratar estos momentos de cambio lo más importante son los personajes, y no los puedes desenfocar».

Màrius Mollà empezó a publicar protegido por el pseudónimo para «separar de una manera muy limpia, muy quirúrgica» sus inicios en la escritura (ha pasado por el máster de creación literaria de la UPF). Defiende los elementos de oficio de su trabajo como escritor; si sirve como pista para sus lectores, no tiene problemas en enumerar us referentes: desde Mario Puzo, Ken Follett y Michael Crichton a Alessandro Baricco y Philippe Claudel... «Y ahora me toca dar la cara. Me daba rabia no poder defender mi libro, no poder pelearme por él».