CIENCIA FICCIÓN

El destino de Júpiter Ingenua y excesiva

El destino de Júpiter Ingenua y excesiva
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Andy y Lana Wachowski

Andy y Lana Wachowski siguen empeñados en mostrar mundos futuros muy poco halagüeños. Lo hicieron en la trilogía Matrix y en El Atlas de las nubes (además de V de Vendetta, película que produjeron), y repiten ahora con El destino de Júpiter. Speed racer también era ciencia ficción, pero en esta caso parecía más un videojuego sin futuro distópico, y su filme de debut, el hoy semiolvidado Lazos ardientes, de 1996, era un buen ejemplo de neo-noir.

Los hermanos han perdido consistencia y espesura con los años. El destino de Júpiter, que mezcla a su manera ingredientes de Furia de titanes y Terminator, muestra un universo complejo en el que la Tierra es propiedad de uno de los herederos de una raza superior. En realidad, la Tierra se ha convertido en una gran cosecha para los de la otra galaxia: los humanos, convenientemente exprimidos, sirven para alargar durante milenios la vida de los seres superiores en cuestión.

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Ese es el tema y el trasfondo, pero la película acaba siendo una suerte de fantasía aventurera y romántica muy naíf, una especie de cuento de hadas con la desamparada Mila Kunis convertida en preciado objeto de los herederos galácticos porque, ay, es la reconversión genética de la madre de ellos. Hasta que un apuesto ser mutante con la musculación de Channing Tatum aparece para protegerla. Tomada como un gran tebeo, El destino de Júpiter tiene cierta gracia debido a sus excesos y repeticiones. Comparándola con Matrix, por ejemplo, carece de toda dimensión trágica y

ética. QUIM CASAS