Lara, el editor que fue más lejos

El presidente del Grupo Planeta fallece a los 68 años tras convertir la empresa familiar en un gigante internacional

Lara, el editor que fue más lejos

GUILLERMO MOLINER

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ERNEST ALÓS / BARCELONA

José Manuel Lara Bosch, presidente del Grupo Planeta Atresmedia y vicepresidente del Banc Sabadell, responsable del crecimiento de la empresa familiar hasta convertirla en un conglomerado mediático, el mayor grupo editorial en lengua castellana y uno de los ocho grandes a nivel internacional, falleció el sábado en Barcelona, a los 68 años, tras luchar durante tres años contra un cáncer. La capilla ardiente se instalará este domingo a las 13 horas en el tanatorio de Sant Gervasi y el funeral del editor tendrá lugar a la misma hora, el lunes, en la parroquia de la Concepció.

En el año 2003, José Manuel Lara Bosch heredó la responsabilidad de encabezar Planeta tras la muerte de José Manuel Lara Hernández. Parecía que su padre lo había conseguido todo: crear la primera editorial española, la mayor red de venta a crédito y el mayor premio literario. Su primogénito fue más allá, en el sector editorial y aventurándose en territorios nuevos. Planeta creció internacionalmente hasta conseguir el liderazgo en América Latina, Lara fue una voz escuchada e influyente en los medios empresariales y políticos, entró en nuevos negocios y creó un potente grupo mediático. Y es que así le definía un buen amigo: «Un empresario de segunda generación que se comportaba como uno de primera generación, un emprendedor nato que no dejaba de hacer proyectos».

Vocación temprana

Se dice que la vocación inicial de José Manuel Lara Bosch (Barcelona, 1946) fue la de arquitecto urbanista, pero pronto, con una estancia en Larousse en 1963, empezó su compromiso personal con el trabajo de editor. En 1968 empezó a asumir responsabilidades en Planeta y de 1970 a 1985 fue director general y vicepresidente, en equilibrio con la arrolladora figura de su padre. Durante una década pareció que el sucesor al frente de Planeta sería su hermano menor, Fernando Lara, hasta el fallecimiento de este por accidente de tráfico en 1995. José Manuel Lara regresó a la primera fila con un bagaje internacional que se hizo notar en su gestión, tanto como la visión estratégica y la capacidad de cálculo que ejercitaba en el bridge.

Un antiguo colaborador explica que, ya en los años 80, la ambición de Lara Bosch era «ser como Hachette». Es decir, un grupo diversificado, sin fronteras y con sellos de prestigio. Lo logró con creces con la expansión en América Latina, la adquisición del segundo grupo francés, Editis, y la incorporación de grandes sellos literarios en dificultades como Seix Barral, Destino, Espasa o Tusquets. En el 2006, Lara participó en la operación de salvamento del Grup 62 y, tras tomar el control mayoritario en el 2013, el primer editor en lengua castellana lo fue también en catalán.

Los medios

Esa ambición por ir más allá se reflejó también en su interés personal en los medios de comunicación: su tempranísimo interés se reflejó incluso en su participación en la revista Por favor (lo que le hizo entrar en contacto con personalidades como las de Vázquez Montalbán, Marsé o Maruja Torres; en esos tiempos de la gauche divine también invirtió en Bocaccio y Lola Films). Aplicando respecto a los medios un criterio plural similar al que siguió con la línea de sus sellos (un editor no ha de publicar su propia biblioteca, sino los libros que quieren sus clientes) tras los intentos de Telecinco y Quiero TV triunfó con su entrada en Antena 3 (2003), base de un grupo ahora que integra a Onda Cero y La Sexta.

Política y empresa

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«Era un homenot, no un homenet, de los pocos que quedan, con valentía cívica y voluntad de asumir responsabilidades, también en el ámbito social», explica un buen conocedor de esta faceta. Presidente del Cercle d'Economia y del Instituto de la Empresa Familiar, máximo accionista del Espanyol hasta que sus discrepancias con Sánchez Llibre le hicieron desesperar, utilizó su capacidad de influencia en distintos gobiernos en el campo audiovisual y en la defensa del sector editorial, con triunfos como el mantenimiento del precio fijo y quejas amargas por la cobardía política frente a la piratería.

De su opinión sobre el proceso soberanista quedó para la opinión pública su declaración sobre el hipotético traslado de sus editoriales en castellano. No tanto que criticase con igual dureza la hipótesis de la independencia como la incapacidad de dialogar y entender la situación catalana de los partidos políticos españoles.