04 abr 2020

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FESTIVAL BARNASANTS

La voz más reivindicada

Ovidi Montllor representa, dos décadas después de su muerte, una suma de compromiso, sensibilidad poética y carisma escénico

JORDI BIANCIOTTO / BARCELONA

El 20 de marzo hará 20 años que un cáncer de esófago se llevó a Ovidi Montllor. Tenía 53 años y en la última década larga había dejado de grabar discos, se sentía abandonado por la industria y las instituciones, y su actividad se centraba en ocasionales papeles en el cine que le permitían ir tirando. Crepúsculo amargo para este temperamental creador de la cançó, ahora reivindicado en la 20ª edición de Barnasants a través de diversos recitales. Un cantautor que ofreció una mirada al mundo tan apasionada como crítica, acompañada de músicas de extrema sensibilidad.

Montllor, o simplemente Ovidi, como quienes aprecian su arte sigue llamándole, con curiosa familiaridad, representó el cultivo de la canción desde una doble condición militante, cultural y obrera, un molde que hoy muestra una renovada vigencia. Nacido en la industrial Alcoi (4 de febrero de 1942), su conciencia de clase se manifestó pronto en piezas como La fera ferotge, Sí senyor o Perquè vull. Estrofas sarcásticas contra el poder y ánimo libertario. Siempre, rindiendo culto a la metáfora, tan potenciada por la censura.

Pero el primer Ovidi fue actor y se abrió paso en la compañía local La Cazuela. En 1966, ya en Barcelona, se enroló en el circuito del teatro independiente y descubrió un mundo intelectual politizado, en el que hizo amigos como Antoni y Alfred Lucchetti, Fabià Puigserver, Maria Antònia Oliver, Jaume Fuster, Montserrat Roig... La nova cançó despegaba, y él esbozó sus primeras creaciones con una guitarra de segunda mano al tiempo que acudía a recitales de Guillermina Motta o Pi de la Serra en La Cova del Drac. Su paso por el teatro le dejó un poso, en interpretación y dicción, del que sacó partido como cantautor, faceta apuntalada en tres álbumes clave de los primeros 70: Un entre tants..., Crònica d'un temps A Alcoi. Los dos primeros, de sonoridad turbulenta, mezcla de canción popular e instrumentaciones eléctricas progresivas (junto a los futuros miembros de la laietana Orquestra Mirasol), y el tercero, estrenando un duradero tándem de tonos intimistas con Toti Soler. Un músico, este, de formación clásica que, tras experimentar en el rock con Om y Pau Riba (Dioptria), había llegado a la conclusión de que no existía guitarra tan revolucionaria como la flamenca.

Pureza lírica

De la asociación Ovidi-Toti salió el grueso de su obra, con discos de canciones (incluido A l'Olympia, en directo, de 1975, y el maduro, excelente, 4.02.42, de 1980) y una línea paralela de álbumes de poesía recitada y guitarra. El espacio en el que ambos disfrutaban de más libertad, con registros de gran pureza expresiva en los discos dedicados a Salvat-Papasseit, Estellés y Sagarra. Al mismo tiempo, el cantautor desarrolló su faceta de actor en el cine con papeles en cintas como Furtivos, Soldados La ciutat cremada.

Estrofas y pensamientos de Ovidi son hoy en día citados en contextos renovados. «Ja no ens alimenten molles / Ja volem el pa sencer», cantaba en Tot explota pel cap o per la pota, lema transformador de este 20º Barnasants. «Dic ben alt que parle català / i ho faig a la manera de València», proclamaba, contra el secesionismo lingüístico, en La cançó del cansat. O ese otro clásico: «Hi ha gent a qui no agrada que es parle, s'escriga o es pense en català. És la mateixa gent a qui no els agrada que es parle, s'escriga o es pense». En el 2004, el grupo punk Inadaptats le dedicó un disco, y hoy es una figura icónica para cantautores catalanes y valencianos de la izquierda alternativa. Incluso Alcoi bautizó con su nombre una calle (en el 2013, después de desalojar al PP del ayuntamiento). Son tiempos de agitación, y Ovidi reaparece como figura fiable, ética y artísticamente, con un renovado vigor.

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