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CRÓNICA

La emoción perfecta

Pasión Vega vistió de gala las canciones de Carlos Cano en el Palau

LUIS TROQUEL
BARCELONA

Antes de iniciar gira en primavera, Pasión Vega ha presentado su último disco tal y como ha sido concebido en dos únicas fechas: hace dos semanas en el Teatro Real y el pasado lunes en el Palau de la Música, dentro de la 16ª edición del Banc Sabadell Festival Mil·lenni. Le acompañaban los mismos músicos con que ha grabado este Pasión por Cano y la Orquestra Simfònica del Vallès (junto a la que años atrás había ya cantado  obras de Falla). En esta ocasión dirigida por  Fernando Velázquez, productor del disco y prestigioso autor de bandas sonoras; entre ellas las de las películas J. A. Bayona, que presenció el concierto desde un palco.

El repertorio íntegramente dedicado a Carlos Cano, excepto la canción a él dedicada Soy del sur y dos coplas clásicas: una entrelazada en el guion y ya en el bis Ojos Verdes, que adquirió si cabe mayor enjundia con la soberbia orquestación que Velázquez ha escrito para la ocasión.

El papel de Pasión reiterpretando la obra de Cano recuerda en gran medida al de una Ute Lemper respecto a Kurt Weill. Y a esa perfección interpretativa sumó emoción a raudales, sobre todo en un Esperando las golondrinas bañado en lágrimas.

HOMENAJE MÚLTIPLE/ Dedicar un concierto a Carlos Cano es también homenajear a la galería de mitos que inspiraban sus canciones. De este modo, para interpretar La reina del blues, Pasión Vega se llevó una orquídea al pelo evocando a Billie Holiday. Tras cantar Dormido entre las rosas en memoria de Miguel de Molina, se puso su característico sombrero cordobés y se ensortijó con el dedo un mechón de su flequillo para seguirle recordando en una versión de La bien pagá a piano solo.

Romance a Ocaña cobró especial dimensión justo al lado de las calles que tanto transitara el malogrado pintor y recordó al infortunado marinero Juan Flores en María La Portuguesa. Dedicó Luna de abril a su propia hija y Aires de Cuna a María Dolores Pradera. Con ella la ha grabado en disco y en cierta manera fue como si estuviera allí: el destino ha querido que Pasión, heredera de muchas de sus virtudes, actuara un 29 de diciembre, fecha en la que desde el inicio del Festival Mil·lenni hasta su casi total retiro hace dos años, la gran valedora de la obra de Cano cantaba religiosamente en el Palau.