COMEDIA

'Cómo acabar sin tu jefe 2', la fórmula de un éxito de taquilla

Tráiler de ’Cómo acabar sin tu jefe 2’.

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NANDO SALVÀ

Cómo acabar con tu jefe (2011) era una comedia que hacía chistes a costa del peinado de Colin Farrell -ese es el nivel de la comedia americana actual-. No debería haber sido un éxito pero lo fue, y por eso aquí tenemos una de las continuaciones con menos razones no monetarias de existir de la historia del cine. Aunque en realidad no es tanto una continuación como un mero remake de su predecesora, a pesar de que en lugar de sufrir las perrerías de sus tiránicos jefes, ahora los propios protagonistas son jefes.

¿Son también ellos tiránicos? Optar por esa línea narrativa habría dotado la película de gran potencial irónico. Pero no. El director Sean Anders se limita a repetir la fórmula, y sin reparos: en una de esas típicas tomas falsas que acompañan a los títulos de crédito, un personaje repite un gag de la primera película mientras otro comenta: «Debe haber visto la primera película». La desfachatez resulta francamente molesta.

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En todo caso, hay pocas cosas tan patéticas como alguien que, desesperado por hacerte reír, te cuenta el mismo chiste una segunda vez, esta vez exagerando. Eso hace esta película. Contiene gags sobre violaciones, pedofilia, coprofagia y miedo a los homosexuales que aspiran no tanto al humor --es posible encontrarlo entre sus líneas, aunque seguramente resultaría más fácil encontrar doblones de oro en la Barceloneta- como la provocación a toda costa, y en ese sentido resulta sonrojante, por ejemplo, contemplar a una actriz como Jennifer Aniston empeñada en hacerse la marrana para despojarse de su imagen modosa. Asimismo, los tres protagonistas hablan sin cesar pisándose entre sí desesperados por ganarse nuestra simpatía, pero ni así. No hay forma.

En la primera película podíamos empatizar con ellos: eran tipos corrientes obligados a tomar medidas desesperadas. Ahora son unos idiotas absolutos, y eso los hace insufribles.