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ENTREVISTA

Javier Cercas: «Lo que hizo Marco lo hizo todo el país»

El autor de 'Soldados de Salamina' publica ahora 'El impostor', sobre la figura del hombre que se hizo pasar durante años como víctima de los nazis

ERNEST ALÓS / BARCELONA

Enric Marco no solo mintió haciéndose pasar por deportado a los campos de concentración nazis cuando fue un trabajador voluntario en Alemania. Toda su vida fue una mentira: ni luchó en Mallorca, ni fue un resistente antifranquista, pasó décadas en busca y captura como delincuente común, abandonó a mujer e hijos... Y Javier Cercas, que le dedica su última obra, El impostor (Literatura Random House), dice que solo es una versión exagerada de nosotros mismos. Con el libro abierto, Cercas señala el impreso reproducido en las guardas. Un listado de internos en el campo de Flossenbürg en el que aparece un español, Enric Moné, y la copia en la que el protagonista de su novela de no ficción, bolígrafo en mano, transformó a Moné en Marco. Exclama:

-¡Esto es vital!

-Cuando descubren esto en el archivo de Flossenbürg, su hijo Raül grita, «¡es el puto amo!».

-Es el Maradona, el Picasso de los impostores. Cuando lo comparan con otro, me ofendo.

-¿Con quién?

-Hay muchos... Bueno, todos tenemos algo de impostor.

-Quien compre este libro pedirá '«El impostor de Javier Cercas»'. ¿Qué tal le suena?

-Es que este es uno de los temas del libro. Marco es un instrumento que yo utilizo para hablar de todos. Y el primero, de mí mismo. De alguna manera, todos somos como él. Este libro habla de nuestra necesidad angustiosa, humillante, de ser queridos, de ser aceptados. Este hombre no se hace pasar por un héroe por dinero. Lo hace para que la gente lo quiera, lo admire, para ligar. Horacio escribió: «Esta historia habla de ti». El impostor soy yo y lo eres tú.

-Hablemos de usted. En un momento de crisis, ante el psiconalista en que se confiesa como impostor. ¿En qué sentido? ¿Como novelista?

-Yo ahora, por ejemplo, estoy actuando. Y cuando nos enamoramos y queremos seducir, ¿no presentamos nuestra mejor cara? Cuando conocí a mi mujer, como no era guapo le envíe mis cuentos, inéditos y malísimos, y después me tuve que hacer escritor para poder conservarla. Para ser fiel a esa impostura. Esta es una impostura aceptable. La especie humana no puede soportar la realidad, por eso recurre a la ficción. Todos somos novelistas de nosotros mismos.

-Compara a Marco con Don Quijote.

-Ojalá esta fuera una de las lecturas de este libro. ¿Qué es el Quijote? Es un señor que se llama Alonso Quijano, que se pasa hasta los 50 años encerrado en un poblacho sin hacer nada más que leer libros de caballerías. Y llegado ese momento dice, 'esto se ha acabado, me invento una personalidad que se llama Don Quijote de la Mancha y empiezo a desfacer entuertos y a llevar la vida de héroe que no he llevado'. Marco es igual que Don Quijote, cuando llega la transición, con 50 años, después de haberse pasado más de media vida encerrado en un taller de Collblanc, se inventa un pasado nuevo de héroe de la guerra civil, de resistente, de víctima de los nazis, y con eso construye una identidad nueva, una nueva mujer 30 años más joven que él... Construye una nueva identidad y consigue ser secretario general de la CNT...

-En meses...

-¡En meses! Marco hace a lo bestia lo que hizo todo el país en una medida u otra. Cuando llega la transición muchísima gente se construyó identidades nuevas. Marco no fue tanto la excepción sino la norma.

-¿Como Suárez o Carrillo?

-En cierta manera. Pero también Tierno Galván, Laín Entralgo... Aquí parece que todos fuimos antifranquistas, cuando eso es una falsedad y una impostura como una casa. Aquí, antifranquistas reales, militantes, auténticos, hubo poquísimos. Este país no se miró a la cara en ese momento y Marco es el emblema, el símbolo.

-¿Se creyó su propio personaje?

-Sí, pero no de manera patológica. Marco no es un loco. Marco se imbuye de su personaje como un actor en un escenario.

-Explica que Marco nació en el hospital de Sant Boi, hijo de una mujer esquizofrénica. ¿Hasta qué punto eso le marca?

-Lo marca la falta de amor, todo surge de una falta de amor bestial. Es un chico sin madre, con una madrastra que es una mala bestia, que va de casa en casa, con la guerra...

-Hay un momento en que califica de «mediopatía» la obsesión de Marco por salir en la foto. ¿Es una característica patológica?

-Es la enfermedad de nuestro tiempo. Si es patológica, la tiene el 90% de gente. En Marco está todo lo que somos, elevado a la máxima potencia.

-¿Todo lo peor que somos?

-¿Lo peor? Es monstruoso pero... también hay alguna cosa buena.

-¿Aquí iría a su argumento? Quien mintió para hacer el bien, pero logró difundir una verdad...

-Este argumento es totalmente falso. La historia del Holocausto, del nazismo, toda la historia de nuestro país que explicaba, era totalmente falsa, en el sentido de que era kitsch, era una historia sentimentalizada, edulcorada, no la historia auténtica sino un sucedáneo digerible de la historia. No hay ninguna justificación para lo que hizo. Confundió. Hizo creer a las criaturas que el pasado español es un pasado heroico.

-No habría mucha diferencia, entonces, entre Marco y El niño del pijama de rayas.--Efectivamente. El llamado movimiento de recuperación de la memoria histórica era justo pero generó una industria de la memoria, kitsh, falsificada, edulcorada. Y Marco es el emblema de todo esto.

-¿Por qué hablar de novela cuando estamos tratando de no ficción?

-Yo creo que es una novela, como lo era Anatomía de un instante. Tenemos una visión muy estrecha de la novela, que viene del XIX. Dice que una novela es una ficción en prosa de una cierta extensión. Hay otro modelo más antiguo y que yo reivindico. El de Cervantes y de Sterne, un banquete con muchos platos. ¿Este libro es crónica? No hay duda. ¿Este libro es biografía? No hay duda. ¿Este libro es autobiografía? Sí. ¿Este libro es historia? Sin duda. ¿Es ensayo? Sí. Y todo esto es una novela. ¿Por qué la novela ha de ser ficción? Todo lo que hay en este libro es verdad, la ficción la pone Marco. ¿Por qué es novela? Por infinidad de motivos. Por la ironía. Porque a diferencia del periodismo o la historia, no da respuestas unívocas. Por la voluntad formal, porque el novelista es quien piensa que la forma es el fondo.

-Con el equívoco sobre las supuestas declaraciones en las que hablaba de la criminalidad del nacionalismo, ¿encontró que había demasiada gente demasiado dispuesta a creer que esas opiniones eran suyas, y pocas a admitir su desmentido?

-Hice las paces con El Punt, que ha sido en gran parte mi diario. Su subdirector presentará el libro en Girona. Pero lo peor que existe, el gran pecado de este país, es la intolerancia. Yo puedo estar equivocado respecto a Catalunya, respecto a España y respecto a todo. Y quizá todas las cosas se han hecho bien en estos dos años, maravillosamente, quizá nadie ha engañado a nadie, quizá nadie ha hecho trampas, y quizá yo estoy equivocado. Porque yo, básicamente, he criticado la forma en que se han hecho las cosas. No por eso soy un agente del CNI ni mis padres son unos ocupantes. Estas cosas me han hecho daño, han hecho daño a mi familia. Pero yo no pienso callar. Siempre he intentado ser lo más educado posible y lo más respetuoso posible, y si no somos capaces de mantener un debate civilizado sobre lo que nos pasa, vamos muy mal. Yo no estoy en ninguna trinchera, y quien busque enemigos conmigo lo tiene muy mal. Esto no es una guerra, y conmigo que no cuenten.