Muere a los 94 años el lingüista Antoni M. Badia i Margarit

Rector de la Universitat de Barcelona durante la transición, el historiador de la lengua mantuvo el estudio del catalán en el ámbito universitario durante el franquismo

Antoni Maria Badia i Margarit, en su despacho, en el año 2004.

Antoni Maria Badia i Margarit, en su despacho, en el año 2004. / RICARD CUGAT

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ERNEST ALÓS / BARCELONA

En la historia de la supervivencia de la cultura catalana durante el franquismo son muchas las personalidades que, para salvar els mots, asumieron los papeles que fueran necesarios, aunque en una situación normal las tareas emprendidas tuvieran que corresponder a más de una biografía, y no a una sola. Es el caso de Antoni Maria Badia i Margarit, fallecido ayer a los 94 años. Fue historiador de la lengua, dialectólogo, estudioso de la toponimia y la antroponimia, pionero de la sociolingüística, estudioso de la filiación románica del catalán en relación con sus lenguas vecinas, autor de dos gramáticas de la lengua catalana, rector de la Universitat de Barcelona durante la transición, presidente entre 1989 y 1999 de la Secció Filològica del Institut d'Estudis Catalans, formador de varias generaciones de filólogos catalanes y presidente del Segon Congrès Internacional de la Llengua Catalana en 1986.

TODOTERRENO / Catedrático de gramática histórica de la lengua española en la UB desde 1948, no pudo reconvertir su cátedra a la gramática histórica del catalán, su estricto campo de estudio, hasta 1977. Sin embargo, se desplazó de él cuando fue necesario, como en la puesta en marcha del Atles lingüístic del domioni català o en la elaboración de un estudio pionero de sociolingüística, el primero basado en una encuesta sólida de uso y conocimiento de la lengua (La llengua dels barcelonins: resultats d'una enquesta sociològico-lingüística, 1969).

Discípulo en la universidad de la inmediata posguerra de Menéndez Pidal, Rafael Lapesa y Dámaso Alonso, de quienes nunca acabó de considerar sinceras sus muestras de estima hacia la lengua catalana, al mismo tiempo frecuentaba los clandestinos Estudis Universitaris Catalans. En una entrevista, Badia definía así su actitud posibilista: «Si yo seguía siendo catedrático de castellano, con la libertad que me daba la cátedra, una libertad que me permitía también estudiar aspectos de nuestra lengua, en la universidad seríamos uno más, y no uno menos». Una visión vinculada a la idea de la fidelidad de los catalanes a su lengua a la que dedicó los muchos artículos agrupados en su  Apologia i vindicació de la llengua catalana.

Desde esa posición, toda su carrera estuvo orientada a «trabajar por la dignidad y la dignificación de la lengua», recordó ayer la directora de la Institució de les Lletres Catalanes, Laura Borràs, fuese a través del mantenimiento de la presencia de la lengua catalana en los foros de la romanística internacional o en la elaboración de obras como su gramática histórica del catalán de 1951 o su gramática de la lengua de 1962, ambas escritas en castellano. Sus definitivas La formació de la llengua catalana y Gramàtica de la llengua catalana. Descriptiva, normativa, diatòpica, diastràtica no llegaron, respectivamente, hasta 1981 y 1994.

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BADIA, COROMINES Y SOLÀ / Badia no fue ni uno de los últimos discípulos de Pompeu Fabra como Joan Coromines ni uno de los renovadores de lingüística catalana como Joan Solà, los dos nombres con los que se le podría parangonar, que no necesariamente poner pacíficamente uno al lado del otro: incomprensiblemente, Joan Solà no ingresó en la Secció Filològica del Institut d'Estudis Catalans hasta 1999, cuatro años después de que Badia dejase de presidirla, y fueron también sonadas sus críticas, incluso póstumas, a Coromines, a quien reprochó un complejo de «superioridad» por la convicción de ser el único heredero legítimo de Pompeu Fabra (mientras Coromines había valorado con displicencia los méritos de Badia, a quien desde la incomprensión del exilio, en los años 50, había señalado críticamente por estar «demasiado ligado a la universidad franquista» (mucho antes, claro, de que Badia fuese detenido, en 1966).

Por cronología, Badia i Margarit (Barcelona, 1920) fue un escolar formado en la escuela republicana, en la Mútura Escolar Blanquerna de Alexandre Galí, soldado republicano herido en el frente del Ebro y universitario que se sumergió en el «gélido invierno» de la universidad franquista en 1939: miembro de una generación que se puso como objetivo recuperar ese mundo perdido en 1939. Fue a él, 40 años después, como rector durante el periodo de la transición, a quien le tocó pilotar la recuperación de la autonomía y de la catalanidad de la Universitat de Barcelona entre 1978 y 1986. Fue un rector a su pesar, a quien el sentido del deber le llevó a aceptar el cargo en esos convulsos años.