LA NATURALEZA VIRGEN DEL PLANETA

Sebastião Salgado: «'Génesis' no me devolvió la fe en el ser humano»

El reconocido fotógrafo brasileño presenta su último trabajo en Barcelona en una exposición en CaixaForum

Entrevista con el fotógrafo Sebastião Salgado, con motivo de inauguración de su exposicion ’Genesi’ / ANNA ABELLA / MONICA PELLICCIA

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ANNA ABELLA / BARCELONA

Tras cuatro décadas como multipremiado y reconocido fotógrafo social con macroobras como Trabajadores y Éxodos, Sebastião Salgado (Aimorés, Minas Gerais, Brasil, 1944), Premio Príncipe de Asturias de las Artes, abrazó la cruzada ecológica y durante ocho años recorrió con sus cámaras los lugares más vírgenes del planeta. Eso cristalizó en Génesis, 245 fotografías en su característico blanco y negro que son una «oda visual a la majestuosidad y fragilidad de la Tierra y una advertencia sobre todo lo que corremos el riesgo de perder». Ayer presentó la exposición, que podrá saborearse hasta el 8 de febrero en CaixaForum Barcelona, y cuyo catálogo edita Taschen. «No soy artista, soy fotógrafo, una raza privilegiada porque solo nosotros estamos ahí cuando se produce el fenómeno».

-¿Necesitaba este paraíso de Génesis tras ese infierno de refugiados y desplazados vivido con Éxodos

-Lo que vi en Ruanda y la ex-Yugoslavia, esa brutalidad extrema, fue una carga tan dura y difícil... porque un fotógrafo debe estar en primera línea para hacer las fotos. Tuve problemas psicológicos serios, enfermé, me sentí muy mal y paré de fotografiar. Y con mi mujer, Lélia, volvimos a la hacienda de mis padres, que de niño era un paraíso y la hallamos destruida ecológicamente y tan degradada como yo entonces. Y decidimos recuperarla, plantamos más de dos millones de árboles y creamos uno de los más grandes proyectos ambientales de Brasil [Instituto Terra]. Hoy tenemos una floresta maravillosa, los animales han vuelto, mamíferos, pájaros, insectos, los caimanes... y viendo todo eso me entraron unas ganas inmensas de fotografiar la naturaleza más pura del planeta, como la del Génesis, ese 46% prístino, que aún no ha sido destruido y que debemos preservar. Y empecé Génesis, porque la fotografía es mi lenguaje, me expreso a través de ella.

-¿Temió por su vida en este periplo?

-Génesis Génesises la historia más peligrosa que he hecho. Fui en barco a la Antártida y al ir a andar en grupo por un glaciar nuestro guía nos ató uno a otro con una cuerda. Yo me caí en una grieta hasta la cintura y aunque me sacaron, pensé ¡qué cosa peligrosa! En ese mismo glaciar el comandante de un barco australiano también cayó en una. Los turistas que iban con él avisaron pero murió de frío, a menos de 60 grados. Comprendí el peligro. Es difícil hacer un reportaje durante tantos años si no estás totalmente identificado y motivado con lo que haces.

-¿Qué aprendió, qué le sorprendió? 

-Uy, muchas cosas. Que somos mucho más viejos de lo que creemos. Frecuenté poblaciones que están a 50.000 años de nosotros. En Papúa Nueva Guinea hay una tribu que está en la edad de la piedra pero no tienen ninguna diferencia con nosotros. Pensé que necesitaría semanas de adaptación y solo necesité horas. Porque no son leones o tortugas, sino humanos como yo. Con los mismos sentimientos y valores. Tienen antibióticos, antiinflamatorios, conocen las leyes básicas de nuestra sociedad, como la solidaridad. Y ves viejos como yo, de 70 años, capaces de subir a un árbol a 40 metros tras de un mono. Eso lo hemos perdido.

-Le han criticado por la belleza de sus imágenes. ¿Le preocupa?

-No. Pienso más en si yo transmito lo que he sentido en el momento de tomar cada imagen. La fotografía es un acto instintivo y un lenguaje estético. Y mi composición es solo mía, la que llevo dentro desde niño. Y los críticos... aprendí a convivir con ello.

-En el pie de una de sus fotos de la tribu kamayurá (Mato Grosso) ellos atribuyen su pacifismo a la dieta de pescado. ¿Le ha dado Génesis algo más de fe en el ser humano?

-No, sigo sin tener fe en el ser humano. Lo que me ha cambiado es que antes yo pensaba solo en la especie humana, pero Génesis me ha enseñado que todas las especies importan, no solo las animales sino también las vegetales y minerales. Una montaña no es solo paisaje, es paisaje vivo. En las Montañas Rocosas un científico me señaló una de dos billones de años y dijo 'es una montaña joven'. ¿Joven? Sí, porque la vieja está erosionada y en decadencia y la joven sigue creciendo. Si medimos el planeta en decenas de miles de años vemos que todo está vivo. Por eso no me importa si mi especie está mal porque llegó anteayer, hace un millón de años no existía. Y hace 100 billones de años desaparecieron los dinosaurios. No hay gran diferencia si desaparece mi especie o la de las hormigas. Es parte de un movimiento planetario: la evolución.

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-Parece casi un credo.

-Yo no soy creyente pero sí creo en la evolución. Hay una inteligencia de la evolución, una racionalidad en cada especie. Toda mi vida me han dicho una mentira monstruosa: que yo era parte de la única especie racional. Todas son profundamente racionales y todas son parte de nosotros. ¿Ve esa foto de una pata de una iguana? De entrada pensé que ese animal estaba mucho más cerca de un dinosaurio que de mí. Pero cuando metí una lente macro sobre la pata vi que era la de un guerrero de la edad media, con su cota de malla, igualito. Esta iguana es mi prima. Una célula evolucionó hacia las demás y un día yo podría evolucionar en dirección a la iguana o la iguana hacia a mí. Todos somos iguales.