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'LAS MENINAS', DE SANTIAGO GARCÍA Y JAVIER OLIVARES

La irresistible atracción de una obra maestra

Anna Abella

Viñeta de Las Meninas y página donde Velázquez increpa a Felipe IV.

Viñeta de Las Meninas y página donde Velázquez increpa a Felipe IV.
Viñeta de Las Meninas y página donde Velázquez increpa a Felipe IV.

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«La primera vez que ves Las Meninas, te deja algo frío, ves personas en una habitación. Pero cuando sabes más de la obra ves lo intelectualmente interesante que es y que de simple no tiene nada sino que fue extraordinario para su época. Retrata el mundo de la corte pero va más allá, hay otra dimensión. No es un retrato de Felipe IV donde el pintor trabaja para el rey sino al revés», se explaya desde Baltimore Santiago García. Al guionista no se cansa de hablar de Velázquez y su obra, protagonistas de la novela gráfica en la que embarcó al dibujante Javier Olivares en el 2008.

Este, que en la fase final del libro colocó enfrente una gran reproducción del cuadro, cual «faro», le secunda desde Madrid. «De joven puede parecerte soso, ortodoxo, poco atractivo. Pero debes descrifrar qué dice, dejar que te golpee y te fascine. Al acercarte su aparente sencillez desaparece. Hay miles de teorías sobre él, esotéricas y astrológicas, a cuál más extravagante». «Las Meninas son un abismo que no tiene fin, permite tantas visiones, es tan incomprensible, enigmático y singular... -coincide García-. No hay ningún cuadro parecido a este en su época. Es curioso que algo tan heterodoxo y de vanguardia acabe siendo universalmente tan alabado».

«Nadie sabe qué pasaba por la cabeza de Velázquez ni quién era realmente. No dejó nada escrito», añade. Eso les facilitaba modificar y adaptar hechos históricos dejando «anacronismos y falsificaciones» en un fondo de verdad. El cómic enfoca el ansia de Velázquez por entrar en la nobleza siendo caballero de la Orden de Santiago, una dignidad insólita para un pintor. «Tenía mucho interés en mejorar su posición. Sabía que tenía un talento artístico sobrenatural y jugó sus armas para lograr sus fines en dos batallas. Una, más terrenal, de ascenso social. Y otra, más espiritual, con la posteridad, por eso pintó Las Meninas, para trascender», opina el guionista. «En el siglo de oro -se suma Olivares- los pintores eran artesanos y él quería que su arte no desapareciera por algo tan banal como la lucha social. Y lo consigue, trabajando para el Papa y el rey».

Y aprende la lección el joven Velázquez de un experimentado Rubens, que le dice: «la pintura es una industria. La industria del dinero. El dinero da nobleza. La nobleza convierte la industria en arte». «Rubens era la factoría Disney de la época -compara García-. Tenía un estudio con un montón de gente trabajando, era caballero, ganaba dinero, vivía bien y viajaba por toda Europa».

ICONO CULTURAL

¿Cómo se convierten Las Meninas en icono cultural? «La historia del arte no la hace el cuadro en sí sino lo que este refleja en los demás, que a la vez hacemos un eco que se proyecta adelante y atrás en el tiempo». Así, Picasso, Goya, Dalí, Foucault, Buero Vallejo, Equipo Crónica... protagonizan las páginas más coloridas del libro, en el que Olivares abunda en el tenebrismo con «ramalazos expresionistas». Para los autores, sin la influencia que tuvo en tantos artistas como estos y sin sus opiniones no hubiera sido la obra maestra que es. Resume Olivares, «la leyenda se construye cada vez que se interpreta el cuadro».

Temas: Cómic

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