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FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN

Willem Dafoe: «Pasolini era muy preclaro y un visionario»

El actor presenta en San Sebastián el filme dirigido por Abel Ferrara en el que encarna al mítico cineasta y poeta italiano

NANDO SALVÀ / SAN SEBASTIÁN

En Pasolini, presentada el domingo en el festival de cine de San SebastiánWillem Dafoe da vida al mítico cineasta y poeta del mismo nombre. Dirigida por Abel Ferrara, la película es un viaje onírico a través de momentos comprendidos entre las últimas horas que condujeron al brutal asesinato del genio, el 2 de noviembre de 1975 en misteriosas circunstancias, que permiten vislumbrar sus creencias, sus relaciones y sus apetitos.

-¿Qué aprendió de Pier Paolo Pasolini haciendo esta película?

-Muchas cosas. Tenía cierto conocimiento sobre él porque siempre me interesó su trabajo como director. Mi mujer, que es italiana, me descubrió su faceta como poeta. Además leí mucho material biográfico y también ensayos y artículos que escribió, que me fascinaron y me inspiraron. Pasolini era muy preclaro y un visionario.

-¿Cuáles fueron los principales peligros que afrontó al meterse en su piel?

-Intenté evitar el tipo de ostentoso enfoque psicológico en el que a menudo caen las películas basadas en personajes reales. Se trataba de ser respetuoso y fiel pero también libre. No quise decirle al espectador quién es Pasolini. Eso es imposible. Más bien intenté penetrar en su mente y expresar su estado mental, meditar sobre sus ideas, y hablar de lo que hizo en su último día de una forma evocadora para dar pistas sobre su personalidad.

-¿Por qué cree que la figura de Pasolini sigue siendo relevante en la actualidad?

-Fue capaz de prever adónde iba la sociedad. Sus miedos sobre cómo la sociedad había perdido su alma, y sobre la corrupción, sobre el consumismo, sobre la falsa tolerancia y sobre la falsa libertad, tienen plena vigencia. Supo que los avances tecnológicos nos harían ir hacia adelante pero a la vez nos harían retroceder. Vio el boom económico de Italia y anticipó lo que estaba haciendo a la gente, y expresó de forma muy articulada el precio que los individuos iban a tener que pagar como individuos.

-De estar Pasolini vivo, ¿habría trabajado usted con él?

-Lo habría intentado, pero él prefería trabajar con actores no profesionales. Tengo que decir que varias de mis películas favoritas están protagonizadas por no actores, como las de Carlos Reygadas. Una vez me encontré con Carlos y le dije que me encantaría trabajar con él. «Me gustas, Willem, pero yo trabajo con no actores», me contestó. Y de repente me pareció muy raro: soy un actor, y para trabajar con un director al que admiro tengo que convertirme en no actor.

-¿Cree usted que podría desaprender lo aprendido hasta ahora durante su carrera, trabajar como lo hace un no actor?

-Sí, lo he hecho. Tiene que ver con dónde sitúas tu ego y tu ambición, lo que esperas obtener de una película. Mi ambición es perderme dentro de mis personajes. Las interpretaciones que más me gustan son esas en las que no puedes ver al actor. Viendo Pasolini hay momentos en los que no me reconozco a mí mismo, y eso que no me parezco en nada a él físicamente.

-Es la cuarta vez que trabaja a las órdenes de Abel Ferrara. ¿Son almas gemelas?

-Sí. Tengo intención de seguir haciéndolo principalmente por una razón: porque está loco. Y para él hacer cine es una aventura, y algo misterioso, y confuso. Y hace películas personales. Algunas de ellas son mejores que otras, pero con él siempre aprendes cosas. Ahora es mucho más disciplinado que antes. Todo el mundo sabe lo proclive que era a los malos hábitos, y ha roto con todo eso. Es más de fiar. Recuerdo que a veces se veía obligado a abandonar el rodaje porque no se aguantaba en pie. A veces les ofrecía el mismo papel a tres o cuatro actores a la vez, y luego no se acordaba.

-¿En alguna ocasión ha rechazado una película que Ferrara le ofreciera?

-Sí, pero no voy a decir cuál. He oído muchas veces a gente diciendo: «¿Sabes esa película, Platoon? Me ofrecieron el papel y lo rechacé, y fue a parar a ese tal Willem Dafoe». Ese tipo de comentarios me parecen muy feos.

-Confirman lo que suele decirse del ego de los actores, de su competitividad... 

-Yo no lo llamaría ego, creo que es otra cosa. Un actor hace algo que luego se va a convertir en otra cosa: incluso una mala interpretación puede parecer buenísima gracias a un buen director y un buen cinematógrafo. Eso convierte a los actores en gente profundamente insegura y necesitada de elogios.

-¿Diría que directores como Abel Ferrara o como Lars Von Trier son de alguna forma herederos de Pasolini?

-No me corresponde a mí realizar ese tipo de conexiones entre directores. Eso no me ayuda como actor. Crei que eso les corresponde a ustedes. Pero reconozco que, definitivamente, directores como Lars y Abel están conectados con Pasolini. Y supongo que tampoco es casual que yo me sienta inclinado a trabajar con ellos.

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