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CRÓNICA

Acentos propios en Vic

Marc Parrot y Pau Vallvé estrenaron disco en el Mercat

JORDI BIANCIOTTO / VIC

Pop de ricos relieves, con señales de heterodoxia, decantado por una lectura deformada o parcial de la realidad. Una opción que se manifestó el viernes, en el Mercat de Música Viva de Vic, a través de sendos artistas con trayectoria, Marc Parrot Pau Vallvé, en un complejo Atlàntida que, como es costumbre, concentró la mayoría de estrenos discográficos frente al perfil más festivo y agitador de la plaza Major y el Sucre.

El mundo de Parrot, siempre propenso a la percepción ilusionista, alegórica o mágica, de la vida, vuelve a expandirse en Sortir per la finestra, un disco que ya es el noveno de su trayectoria y que saldrá el martes a la venta. Provisto de más ángulos y modos expresivos que otros trabajos anteriores, combinó la contundencia guitarrística, con ese punto deliberadamente primitivo tan propìo del ex-Chaval de la Peca, y la sutileza lírica, campo en el que destacó una de las canciones, Rosa d'octubre. «Es un poco rara, como la mayoría», apunto irónicamente Parrot.

Entre la inmediatez de El Volvo blau de segona mà y los aires recogidos y desoladores de Àrid se movió un Parrot imaginativo y enigmático, arropado por tres músicos, que recorrió el disco a fondo y, en el tramo final, repescó las largas zancadas rítmicas, con textura gruesa, de Cinc caps, del disco Interferència (2007).

VIGOR Y EMOTIVIDAD / Vallvé ajustó un poco más el formato: un trío completado con el inquieto Jordi Casadesús (La Iaia), ahora a cargo de bajo, teclados y pedalera, un colaborador que siempre resulta una pequeña bomba de relojería dada su capacidad para transformar el tacto de cualquier canción, y la batería, sumada casi a última hora, de Víctor García. Una formación vigorosa e imaginativa para adentrarse en las canciones del tercer disco de Vallvé, Pels dies bons, que verá la luz a mediados de octubre, y que excomponente de u_mä y cómplice de Maria Coma dedica al diálogo a dos y las relaciones de amor, amistad, trabajo y familiar.

Canciones suavemente poderosas, según el consolidado lenguaje de Vallvé, con tendencia a una épica muy procesada, propia de documentales televisivos de grandes viajes (Muntanyes i glaciars, 17820), y espacios para la introspección emotiva, como en La fosca avisa y la última de la sesión, La mirada de la gent que no pot més, que presentó con modales sarcásticos («es un tostón»). Vallvé alternó ese material con rescates de Un gran riu de fang, Jo només faig el que puc, Adéu-siau y su libre adaptación de All is full of love, de Björk, construida con loops de guitarra y percusión.

En paralelo a los estrenos de Parrot y Vallvé, las salas y carpas del Atlàntida acogieron conciertos como el de un Adrià Puntí que sigue en horas altas desde su recuperación con el DVD Incompletament Puntí. Ahora con una banda de rock simple y llana, sin cuerdas, alternando piano y guitarras eléctrica y acústica en un repertorio que contiene cada vez más canciones nuevas y que ha rehabilitado el hito popular de Umpah-Pah, La cachimba i els rostolls d'Angelina. Y luego, el revelador cante flamenco de José Antonio Martín, Salao, con la inmersión a pulmón en tangos, alegrías y bulerías exhibida en su primer disco, Jara en el camino, con cobertura del Taller de Músics. Voz y guitarra, la de José Andrés Cortés, destinadas a dar que hablar.

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