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Las parejas tristes de Yasmina Reza

Ni un matrimonio se salva del desastre en 'Felices los felices', la'última novela de la autora de 'Arte'

ERNEST ALÓS / BARCELONA

Una constelación de 18 personajes, con episodios que acaban relacionándo a unas parejas con otras, acaban contruyendo la última novela de la dramaturga y novelista Yasmina Reza, Felices los felices (Anagrama, en castellano y catalán), que ayer presentó en el Institut Français de Barcelona. A pesar del título, ni uno se salva de la desgracia, o cuanto menos de una cierta infelicidad. Un jugador de bridge que se come un rey de tréboles tras una torpe jugada de su mujer, una pareja que llega a las manos por la elección de un queso en el súper, adulterios rutinarios... incluso la única pareja más o menos bien avenida sufre en silencio que su hijo se crea Céline Dion, hasta el punto de hablar con acento quebequés.

«Hay algunos momentos muy felices. No todo es infelicidad en mi libro», responde Reza en la rueda de prensa que ha ofrecido en Barcelona. «No veo dónde está el pesimismo. Quizá sea realista. O lúcida», añade. El título nace de una cita de Borges: «Felices los amados, los amantes y los que pueden prescindir del amor. Felices los felices». Es decir, todo el mundo puede ser razonablemente feliz a su manera: «Ser feliz no depende de las circunstancias, sino que es una disposición», cree la escritora francesa.

Todo hacía temer que la rueda de prensa sería un encuentro, en términos futbolísticos, trabado. La editorial anunció que Reza no permitía que se tomaran imágenes de ella (se ha cumplido el aviso) y sus primeras palabras han sido «no tengo nada que decir, mejor que me planteen preguntas». Pero resulta que, una vez entrados en materia, la escritora se muestra locuaz y risueña. Aunque sin dejar de lado una cierta reserva.

¿Vivir en pareja es bueno para el amor? «Los niños, vivir juntos, compartirlo todo, creo que no. Es una estructura que puede destruir el amor», se responde a sí misma. «El adulterio es a veces necesario para el bienestar de la pareja», sentencia. Para añadir inmediatamente: «Veo que están apuntando todos esta frase, y no me gustaría leer mañana este titular. Porque a mí misma no me gustan los escritores con frases hechas, con ideas preconcebidas. La vida es... La pareja es... Como escritores no sabemos nada, no somos sociólogos. Hacer una afirmación así es lo contrario de lo que debe hacer el escritor, que siempre ha de estar dudando».

Mala suerte, la frase le queda demasiado redonda. Como las de sus obras teatrales. «No creo que pueda tener dos estilos -reconoce-. Fabrico los diálogos de mis personajes como si fuera teatro, pueden leerse en voz alta. No soy imaginativa en cuanto al desarrollo de los temas, lo que cambia son los puntos de vista. La vida, la dificultad del amor, son temas que siempre vuelven». Hay cosas que nunca cambian, al parecer, como el rebote, que ya dura desde hace una década, de Josep Maria Flotats después de que Reza autorizase el montaje de Arte de Roberto Darín. «Tenemos dos lógicas completamente irreconciliables», admite la autora de la obra.

Las infelices relaciones de pareja, o fuera de ella, parecen fruto de las obsesiones de una clase acomodada, de la neurosis de una cierta burguesía parisiense que debe inventarse problemas ya que no sufre de estrecheces materiales. «Ese no es el centro de mis preocupaciones, los problemas de dinero los excluyo, pueden ser terribles pero no son mi tema. No he encontrado la manera de poner los problemas sociales en el centro de lo que escribo», reconoce.

Pero alega que no son solo periodistas, banqueros, políticos, empresarios y médicos los protagonistas de su novela. En cuanto a los políticos... Hay quien ha visto en uno de los personajes, un secretario de Estado que se considera un libertino pero no es más que un zafio patán, un trasunto de su relación con Dominique Strauss Kahn. Pero Reza aclara que ningún personaje del libro está basado en una persona real. La autora de El alba la tarde la noche, fruto del seguimiento estrecho durante un año de Nicolas Sarkozy, sí atribuye a la clase política francesa «una ligereza moral total; están por encima de todo, es como si flotasen por encima de la realidad, el sistema les ha garantizado una serie de privilegios y tienen una relación compulsiva con las mujeres». Eso sí, de Hollande no escribirá. «Sarkozy era un personaje de novela. Hollande, aunque le pasen cosas dignas de una novela, no».

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