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EL COLISEO LÍRICO DE LA RAMBLA INICIA TEMPORADA

Minimalista 'Barbero'

El colorista montaje de Comediants pierde fuelle a la hora de potenciar la comicidad de la ópera de Rossini

La dirección musical y el desigual reparto reciben la aprobación del Liceu

CÉSAR LÓPEZ ROSELL / BARCELONA

Una elección apropiada para abrir una temporada con sello popular. Il  barbiere di Sivigliaópera bufa maestra de Rossini, regresó ayer al escenario del Liceu 23 años después de su última aparición. Y lo hizo pasada por el tamiz del colorista esencialismo escénico de Joan Font de Comediants y el de la dirección musical de Giuseppe Finzi. El minimalista montaje acabó recibiendo los aplausos del público que disfrutó de la trama asentada en una variada paleta de sonidos vocales, arrebatadoras melodías y bellas ornamentaciones al servicio de la teatralidad de la obra.

Un desigual reparto, con varios debutantes en el coliseo, logró superar el reto de este regreso convertido en prólogo de un curso que se inaugurará oficialmente el 14 de octubre con La traviata, coincidiendo con la celebración de los 15 años de la reapertura del Gran Teatre. El público aclamó, aunque sin excederse, a los participantes de esta representación que tendrá siete funciones más hasta el 25 de este mes. Los aplausos respaldaron el trabajo de los principales protagonistas y de Finzi, que brilló también como clavecinista. La orquesta y el coro, dirigido por el nuevo titular de la formación Peter Burian, también recibieron su recompensa, así como Font y sus colaboradores aunque con algún leve abucheo de fondo.

La expectación por ver esta función inicial, precedida por una intensiva campaña de markéting en peluquerías y restaurantes italianos de la ciudad, se palpó en el ambiente, a pesar de la temprana hora de la función. El aforo alcanzó un 91% de ocupación y las ventas anticipadas para las próximas funciones superan ya el 80% gracias al tirón del  título.

La producción de Comediants, estrenada con anterioridad en Houston y Burdeos, teatros coproductores junto con Opera Australia del montaje, era uno de los estímulos para atraer a los espectadores que ya conocían las exitosas incursiones del grupo en obras del autor como La Cenerentola L'italiana in Algeri. Partiendo de la estética del grupo, Font impone una escenografía de líneas sencillas, obra de Joan Guillén. Un gran piano preside la escena donde se desarrolla esta historia de apariencias y engaños basada en una comedia de Beaumarchais.

El mayor esfuerzo se centra en lograr, por medio de un vestuario asimétrico y colorista y la ayuda de máscaras y disfraces propios de la commedia dell'arte, que el perfil de cada protagonista asome espontáneamente respondiendo al ritmo que marca la partitura. A la vez, el montaje intenta que el trabajo de los cantantes no se vea entorpecido por secuencias gratuitas. Pero hay un cierto acartonamiento que resta fluidez a la comicidad de un espectáculo que tiene buenas ideas y algunas elegantes coreografías, pero al que le falta un paso más para acabar de cuajar del todo. Guiños como el de las llaves, como símbolo del poder opresor, funcionan bien pero es finalmente la fuerza musical la que emerge con todo su poder.

200 FUNCIONES / En el capítulo de las interpretaciones destaca el incombustible Carlos Chausson, que encarna al mezquino doctor Bartolo. El veterano bajo barítono, con más de 200 funciones con este papel, dio un curso de buen hacer. Fue de lo mejor de la velada junto con John Relya, que compone un intrigante profesor de música Don Basilio de muchos quilates. Los jóvenes enamorados Rosina (una aclamada Analissa Stroppa, de voz pequeña aunque bien modulada) y el Conde Almaviva (un Juan Francisco Gatell, con seguros agudos y un buen dibujo del personaje) se emplearon con corrección. La messo defendió una ágil interpretación de Una voce poco fa y se lució mostrando una buena vis dramática.

Mario Cassi, presentado como un referente en el rol de Fígaro, mostró algunos altibajos y la falta de esa picardía que exige su carismático personaje. Su aparición con la popular aria Largo al factótum della città provocó los primeros aplausos de la función. Marissa Martins y Manel Esteve cumplieron sobradamente en sus breves apariciones con Berta y Fiorello.

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