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El barbero de Comediants

Joan Font abre el domingo la temporada del Liceu con un 'Il barbiere di Siviglia' «muy teatral y que busca la esencia»

IMMA FERNÁNDEZ / BARCEONA

Es uno de los títulos más requeridos y populares del repertorio operístico, pero hacía 23 años que Il barbiere di Siviglia no ejercía en el Liceu. La gran ópera buffa de Gioachino Rossini vuelve al coliseo de La Rambla con una producción «muy teatral» firmada por Joan Font, el director y fundador de la compañía Comediants. Estrenada en la Ópera de Houston en el 2011, se harán ocho funciones, desde mañana hasta el 25 de septiembre, con el maestro Giuseppe Finzzi a la batuta musical y Peter Burian, en su debut como director del coro tras la marcha de José Luis Basso a la Ópera de París. "He intentado captar la esencia teatral y musical de la obra, divertir al espectador con la ligera, luminosa y mediterránea música de Rossini", subraya Font.

Un doble elenco de cantantes asumirá los papeles protagónicos: Juan Francisco Gatell y Bogdan Mihai se turnarán como el Conde de Almaviva; Carlos Chausson y José Fardilha, como Bartolo; Annalisa Stroppa y Ketevan Kemoklidze, como Rosina; Mario Cassi y Lionel Lhote, como Fígaro, y John Relyea y Dmitry Ullyanov, como Basilio. Explica Font que ha profundizado en la faceta interpretativa del reparto, definiendo más los personajes al tratarse de una historia muy teatral. "Exigimos mucho a los cantantes en este aspecto", sostiene el director de escena, que en los últimos años ha abordado óperas como La flauta mágica, La Cenerentola o L'italiana in Algeri. "En todas ellas busco ir a la esencia", apunta Font, que ha optado por una escenografía muy minimalista presidida por un gran piano. "Así se potencia la voz y la actuación del elenco", justifica, recordando que la simplicidad escenográfica falicita la producción. "Tengo alma de titiritero, estoy acostumbrado a cargar y descargar camiones y por eso los espectáculos de Comediants se pueden montar y desmontar fácilmente".

El conde Almaviva

El libreto, basado en la comedia homónima de Beaumarchais, relata en dos actos las andanzas del Conde Almaviva, que pretende el amor de Rosina. La joven vive bajo la tutela del viejo y mezquino doctor Bartolo, que también desea casarse con ella. El barbero Fígaro ayudará a Almaviva, disfrazándolo para que pueda acercarse a su amada. Font defiende la modernidad de una obra en la que, como sucede en todas las piezas de Rossini, las apariencias y el juego del engaño son un elemento crucial. También lo es la llave, símbolo del poder, con la que el mezquino Don Bartolo abre y cierra las puertas a su antojo. "La estancia es como una jaula de oro de la que nadie puede salir si no posee la llave".

Campaña de márketing 

A Finzzi le sorprende que el famoso título no se haya programado en el Liceu desde 1991 (El Teatre Victòria la acogió en 1997). Recuerda que el estreno de la ópera en 1816, en el Teatro Argentino de Roma, fue "una catástrofe". Demasiado transgresora para un público anclado en la tradición que "no la entendió". El maestro italiano valora la "energía, frescura y teatralidad" de la partitura e incide en el atractivo de una trama que enfrenta dos mundos: el antiguo y tradicional que encarna Bartolo y el moderno y luminoso que representan Figaro, Rosina y el Conde.

El Liceu ha aprovechado la llegada del mítico barbero para lanzar una campaña de márketing en peluquerías y restaurantes italianos, que regalarán entradas a sus clientes. La complicidad con los comercios, como ya hicieron en julio durante las funciones de Porgy and Bess, es una de las novedades que se impulsarán esta temporada.