Adiós a un referente de la moda

El mago de la aguja

Manuel Pertegaz, uno de los grandes de la alta costura española, muere en Barcelona a los 96 años

El modisto vistió a Ava Gardner, Jackie Kennedy y Audrey Hepburn, y creó el traje de novia de la reina

COMPARTIDO 31. El Rey con la Reina luciendo el traje de novia de Pertegaz.  2. Con Bibis Salisachs, en el ’atelier’ del modisto. 3. Retrato del creador. 4. El diseñador con Bianca, una de sus modelos, en 1965. 5. Uno de los vestidos de Pertegaz. 6. Laura Ponte, con el vestido que llevó Salomé en Eurovisión.

COMPARTIDO 31. El Rey con la Reina luciendo el traje de novia de Pertegaz. 2. Con Bibis Salisachs, en el ’atelier’ del modisto. 3. Retrato del creador. 4. El diseñador con Bianca, una de sus modelos, en 1965. 5. Uno de los vestidos de Pertegaz. 6. Laura Ponte, con el vestido que llevó Salomé en Eurovisión. / JULIO CARBÓ

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NATÀLIA FARRÉ
BARCELONA

Más de 80 años con el dedal en los dedos dan para hablar de las manos más longevas de la moda española. Haber vestido a las damas de la alta burguesía del país, amén de confeccionar el traje de novia de la reina Letizia, obliga a pensar en un mito de la alta costura. Y haber sido el primer candidato para suceder a Christian Dior tras su muerte permite evidenciar el reconocimiento internacional de Manuel Pertegaz. El modisto, diseñador, creador, artista -todos los sustantivos son válidos- que ayer falleció con 96 años en Barcelona, la ciudad que lo adoptó siendo niño, cuando llegó con su familia procedente de Olba (Teruel), y donde siempre tuvo su atelier.

Su muerte supone la desaparición de uno de los últimos maestros de la alta costura. «Es el vestido que debe adaptarse al cuerpo de la mujer y no el cuerpo al vestido»,  afirmaba. Y uno de los pocos que supo encajar la llegada del prêt à porter. Así, si el otro grande de la moda del país, Balenciaga, cerró decepcionado por las nuevas maneras de hacer de la moda de los 60, Pertegaz asumió el cambio y supo combinar con maestría la creación de la pieza única con la confección en serie. De hecho, tan referentes son sus clásicos, refinados y atemporales modelos como la capacidad que tuvo para hacer de puente entre el viejo y el nuevo mundo de la costura. Siempre con la elegancia y la perfección como bandera, para «intentar ser sublime», decía.

CLIENTAS / En el imaginario colectivo, el trabajo de este mago de la aguja, como se le bautizó, va unido al nombre de las mujeres que vistió. Ahí están Ava Gardner, Audrey Hepburn, Jackie Kennedy, Aline Griffith, la reina Sofía y Bibis Salisachs, gran musa y amiga. Sin olvidar a Salomé, para quien confeccionó el famoso vestido que la cantante zarandeó al ritmo de Vivo cantando en el Festival de Eurovisión de 1969. Y va unido, también, a la idea de la mujer cisne, su ideal de belleza: «Mujeres de cuello esbelto, delgadísimas, asexuales, con las curvas poco acentuadas». Modelo del que la actriz de Desayuno con diamantes era su máximo exponente. «Era perfecta», decía.

Tan bajito como enérgico, y tan tímido como apasionado por su trabajo, Pertegaz siempre supo que lo suyo era la moda. Lo tuvo claro ya desde pequeño cuando los domingos, en misa, estaba más pendiente de los largos de las enaguas de las feligresas que de otra cosa. De manera que resulta fácil entender que su primer trabajo, a los 12 años, fuera el de aprendiz en la sastrería Angulo de la calle del Carme y que no dudara en ofrecerse a cortar un abrigo cuando una de las oficialas del establecimiento no encontraba a quién encargárselo.

RENUNCIÓ A SUCEDER A DIOR / La osadía fue un éxito y el primer paso de su carrera, que se consolidó con la apertura de su primer atelier, en 1942, en la Diagonal. Luego vinieron el desembarco en Madrid y un imperio de tiendas con más de 700 empleados que se desmoronó con la crisis del petróleo y los cambios sociales que llegaron tras la muerte de Franco. Cerró todos los establecimientos menos el de Barcelona, que siguió funcionando como atelier hasta que Pertegaz abandonó la aguja, en el 2012, y que sigue en activo en la actualidad para las líneas de complementos.

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Pero antes del descalabro financiero, llegó el triunfo internacional   que culminó con los que él consideraba dos de los mejores momentos de su vida: el Oscar de la Costura por la Universidad de Harvard (1954) y el ofrecimiento de suceder a Christian Dior tras su repentina muerte (1957). A la propuesta respondió con una negativa tras una noche sin dormir, explicaba. Decidió no cerrar su atelier y quedarse en casa. Algo de lo que no nunca se arrepintió, afirmaba.

Ocho décadas de éxitos labrados sin pasar por la escuela ni aprender con ninguno de los maestros de la moda que tuvieron su broche final en el 2004, cuando se le encargó el vestido de novia de la Reina, y el museo de Reina Sofía de Madrid lo homenajeó con una gran exposición.